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La segunda vez
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos
... exteriores de mi vulva. Me deshice de la braga y le dije: —Te toca. —Me agaché y agarré el bóxer por la cintura. ÉI levantó el culo y el calzoncillo fue bajando. También estaba sudado; el ligero varonil olor de almizcle se esparció por mis fosas nasales. Le extraje la prenda por cada pie. Los testículos estaban juntos, en un lado, pilosos y gruesos; el mandoble estaba caído plácidamente relajado, pero yo conocía cómo era capaz de empalmarse y erguirse como el mástil de una vela cuando se excitaba. Cuando me levanté, nuestros ojos se cruzaron. Capté un visible brillo malicioso en sus pupilas. No cabía imaginar que mis voluminosas tetas, mis anchas caderas femeninas y mi carnoso culo y vientre tuvieran un efecto sexual en Luigi; pero de alguna forma la situación debería de resultarle también a él excitante; además la insinuante situación incestuosa intensificaba el placer lúdico de la exhibición del sexo en grupo. Me acerqué a los pies de la cama. Dorita se acercó y me besó el matojito de vello, buscando con su lengua la hendidura escondida de la vagina. Con los dedos abrió mi vulva y la penetró con la saeta mojada. Chupaba mis labios vaginales; recorría toda mi raja; paladeaba mi clítoris tieso de deseo… y yo comencé a jadear. —Quiero comerte el conejito.—Le dije. Se dio la vuelta y me entregó sus hipnotizantes lunitas. Yo las acaricié golosa y fui lamiéndolas. Su espalda brillaba por la transpiración. Metí mis dedos entre el canal de las nalgas de Dori. Encontré ...
... aquellos apretaditos labios que adoraba hurgar para luego meter mi boca en el surco estrecho, chupándolos hasta notar el untuoso y salobre sabor. Los apreté y froté entre sí. Me gustaba ver el pliegue rosadito, sentir la textura delicada de la carne oculta. Jugué con ellos y el flujo vaginal inundó las yemas de mis dedos. Dori estaba excitadísima, deseosa…, a punto de iniciar el camino del clímax. De repente, tuve una idea. —Espera cariño; en seguida vuelvo. —Nooo; no me dejes así… —Protestó quejosa. Pasé frente a Luigi. Su miembro estaba ciertamente colgando, pero vi que se había agrandado. Seguro que su lubricidad comenzaba a hacer aparición. Fui a la cocina. Cuando volví, el falo de Luigi estaba erecto y sus dedos acariciaban sus bolas. Le guiñé un ojo y él miró atentamente lo que traía en las manos. Dori se volvió y con los ojos abiertos de par en par, exclamó: —¡Viciosilla! —Vamos…, ¡estás deseando! Y las dos estallamos en risotadas. Introduje la punta del en el vaso de aceite. Dori, se colocó de espaldas, se abrió de muslos. Comencé a juguetear en la entrada de su agujero. Daba vueltas por su coñito, llevé la hortaliza verde a su joyita violeta y ella dejó escapar un suave sonido gutural. —¡Fóllame, amor! —pidió jadeante. Hundí el grueso miembro vegetal en el coño brillante, y aceitoso de Dorita y empecé a hundirlo una y otra vez. Ella gemía y se contoneaba cuando el calabacín entraba hasta el fondo de su vagina; entonces yo lo hacía girar, ...