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Presa escurridiza - Cap 5
Fecha: 02/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos
Capítulo Cinco “Bueno… allá vamos,” dijo Bárbara nerviosa. Tras ellas la pesada puerta de metal se cerró haciéndola saltar. Kimberley se rió. Ella misma estaba más excitada que nerviosa. Había un cinturón de cincuenta pies (unos 15 metros) de espacio abierto entre ellas y el bosque y exploraba los árboles atentamente. En algún sitio allí fuera había al menos cuatro grupos de cazadores, más un número indeterminado de individuos solos, todos buscando presas hembras. Tras ella, débilmente, podía todavía escuchar el chapoteo y las risas de la piscina del hotel. Dudaba que ninguno de los cazadores estuviera acechando tan cerca de la civilización, pero ¿por qué darles oportunidades? Sería vergonzoso ser cazadas tan pronto, dados los planes que tenían. Se rascó la oreja ligeramente. Realmente podría llevar un chip implantado allí, pero no lo notaba. El picor era una respuesta retardada al leve pinchazo cuando se lo habían puesto, hacía solo unos minutos. “No veo ningún sendero.” Comentó Bárbara señalando hacia delante. Se bajó un poco más la gorra de béisbol y forzó la vista. “Nada. Ningún sendero en absoluto.” El pelo largo le sobresalía bajo la gorra y ondeaba espalda abajo en una larga cola de caballo. Se puso las manos en las caderas y miró expectante a Kimberley. “Mejor así.” Dijo Kimberley encogiéndose de hombros. “En cualquier caso no íbamos a ir por senderos, si podemos evitarlo.” Tenían un mapa detallado y una buena brújula, y estaba segura de que podían ...
... navegar por el bosque con aquello. El mapa mostraba una especie de pequeña población o puesto de comercio a siete u ocho millas hacia el sur. Estaba marcada como “zona segura.” Planeaba ir en primer lugar allí y echar un vistazo. Había tres lugares marcados así en el plano. Kimberley pensaba visitarlos todos. Bárbara podía seguir con ella o no. “¿Por qué no?” preguntó Bárbara. Luego ensanchó los ojos. “¡Oh!” asintió. “Exactamente.” Sonrió Kimberley. “Los cazadores estarán probablemente vigilando los senderos.” “Y entonces, ¿cómo alcanzaremos ese sitio que quieres ver?” “Confía en mí,” replicó Kimberley. “He hecho antes este tipo de cosas.” Empezó a caminar hacia la línea de árboles en ángulo, buscando un acceso bueno aunque no obvio. Se sentía bien… muy bien. El zumbido de las abejas, el ruido siseante que provocaban al pisar la alta hierba, el olor de las flores que asomaban aquí y allí, el azul del cielo sin nubes sobre sus cabezas, todo parecía maravillosamente claro y nítido para sus sentidos. Podía sentir los músculos tensarse y destensarse, el latir del corazón, lento y fuerte y dispuesto, el calor del sol sobre los brazos y rodillas desnudos. Sentía casi como si pudiera volar, y sabía cual era la razón para que la montaña rusa empezara el lento clic-clic ascendente. La idea de Bárbara de posponerlo todo hasta hoy había sido buena. Ambas se habían beneficiado de un día de descanso, y Joanna había contestado a las preguntas que se habían hecho después de ser ...