1. Presa escurridiza - Cap 5


    Fecha: 02/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos

    ... testigos de lo que Kimberley creía ahora que era la iniciación de Cat en un misterioso círculo interno. Habían pasado el resto de la mañana en su habitación. Aquella tarde habían ido a la piscina del hotel. Aquella era la única parte del día que Kimberley pensaba que podían haber mejorado. Estaba muy guapa con el bikini y había atraído una buena parte de la atención masculina hasta que Bárbara apareció con su propio tanga negro. Tenía un adorable cuerpo de diosa, realzado y tonificado por largas horas de enseñanza de aeróbic, y desde el momento en que llegó a la piscina se convirtió en la única mujer en lo que se refería a los hombres. Hoy Kimberley estaba esperando a ver como se comportaba Bárbara en el terreno como prueba de su apreciación de ello.
    
    Iban vestidas casi de forma idéntica para el monte: pantalones cortos de excursión hasta las rodillas, sueltos, color canela, camisas canela aún más sueltas, de manga corta con muchos, muchos, bolsillos con botones, medias gruesas de algodón hasta las rodillas, también canela y robustas botas de caminar. En esto había diferencias. Las botas de Kimberley eran marrón oscuro mientras que las de Bárbara eran de un canela ligeramente más oscuro que el resto de su atuendo. Cada una llevaba también una gorra de béisbol color canela. Los equipajes eran ligeros, nada más que una manta, una muda y dos pares de calcetines, comida para dos días, cantimplora y unos cuantos artículos necesarios, cada una. Kimberley también llevaba un ...
    ... puñal de supervivencia en una funda del cinturón. En su lugar Bárbara llevaba una gran navaja de bolsillo, tipo ejército suizo, que parecía tener de todo salvo radio.
    
    “Allí.” Señaló un par de grandes árboles que crecían justo en el borde del bosque. Apenas había arbustos a su alrededor.
    
    “¿Estás segura?” replicó Bárbara frunciendo el ceño.
    
    Kimberley se encogió de hombros. “Bastante. Para ti no se parece mucho a un camino, ¿verdad?”
    
    “No, realmente no.”
    
    “Entonces no se lo parecerá a la mayoría de los demás.” Se rió Kimberley. “Venga, sígueme.”
    
    Joanna había sido una tremenda fuente de información, pero solo contestaba preguntas directas. Nunca ofrecía nada. Al principio había resultado frustrante, y Kimberley ni siquiera estaba segura de si la actitud de la mujer madura era parte de la política del lugar o se debía a alguna otra cosa. Al final Kimberley había tenido que tratar la situación como si se tratara de un juego para evitar que le hiciera perder la paciencia. Realmente no quería perder la paciencia con Joanna. Podría ocurrir que más tarde fuera pagada con intereses de usurero.
    
    El mapa mostraba un total de cuatro “zonas seguras” al sur, todas ellas en un amplio arco a unas ocho millas del hotel, unidas entre sí por carreteras o senderos. Según Joanna eran puestos de compraventa. Cada uno tenía alrededor de una docena de habitantes permanentes y un número variable de transeúntes. Cualquier mujer que entrase por voluntad propia en cualquiera de esos puestos ...
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