-
Morbo y voyeur con mi madre
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: MORADO SUBIDO, Fuente: CuentoRelatos
Era consciente que mi madre era una puta, que calmaba su sed insaciable de deseos compartiendo aventuras con sus amigas Eve, Mena y Teresa, todas ellas cómplices jugando en un mismo morbo y también compartiendo sus amantes, «flacos» mucho más jóvenes que todas ellas. Mi madre no solo jugaba con ese apetito, sino que, apagaba su lujuria mientras viajaba siendo personal de embajada y mejor aún, siendo directora de ceremonial y protocolo, lo que le permitía coger en diferentes idiomas y con tipos del más alto vuelo político, más de una vez con algún ministro y con un presidente europeo; pero ese juego no le prohibía satisfacer ese apetito de ninfómana con algún «pendejo» de barrio. Lo cierto es que, una noche de verano, mientras mi padre estaba aún trabajando en su escritorio, yo en mi cuarto y mi madre hablando por teléfono justamente con Mena, escuché decirle que le avisara a su hermano Mingo que en un rato iba a estar en la plaza paseando a nuestro perro Enzo, —un buen motivo para escaparse cerca de media noche— y así sucedió, lo llamativo fue cuando mi madre cambió su short y remera por una minifalda ajustada y un top que sin corpiño levantaba sus «lolas» dejando ver las hermosas pecas que se derraman entre estas y como si fuera poco, ese morbo que estaba planeando se reflejaba en el relieve de sus pezones marcados en ese top blanco. —¡Saco al perro, voy hasta la plaza, me encuentro con Mena! —Gritó mientras ya cerraba la puerta de calle detrás de ella. La plaza es un ...
... paseo oscuro en una calle del barrio de Versailles en Buenos Aires. El Paseo Versailles es un lugar ideal para la «trampa» entre las sombras que dan los frondosos árboles tapando aún más la luz de las calles; allí sabía yo lo que iba a suceder. Mena se apareció, mi madre le dio la correa del perro y se fue a caminar, mientras le decía —Mingo te está esperando—, por supuesto —como el mejor «voyeur»— me quedé entre esas sombras viendo a mi madre perderse en esa misma penumbra; cuando apareció Mingo (hermano de Mena); me acerqué lo suficiente viendo como mi madre se mordía los labios en gesto provocativo cuando se colgó del cuello de su amante, mientras se comían la boca violentamente. Mingo comenzó a acariciar la desnuda espalda de mi madre hasta que, sus manos levantaron la falda y sus manos fueron a jugar con la tanga blanca de esa ninfómana entregada. Mi madre sin desprender sus labios de los labios de Mingo metía sus manos por sobre el cinturón de la bermuda, deseando —seguramente— sentir la erección de aquel falo, el que prominente se marcaba desde que había visto a mi madre caminar por ese sendero, desfilando toda ella como una buena putita hacia su macho. Mingo la giró y ella quedó de espaldas a él, mientras él sobándole el cuello le refregaba esa erección desnuda por la cola, cuando ya había perdido la tanga y esa minifalda era apenas ese algo que disimulaba el «franeleo» de morbos manoseos. Ella estiró su cabeza hacia atrás buscando otra vez los besos de los ...