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Morbo y voyeur con mi madre
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: MORADO SUBIDO, Fuente: CuentoRelatos
... labios de su amante, mientras sus manos sostenían las manos de él apretadas sobre sus «lolas» que ya habían pasado por debajo de ese top. Eso era fuego ardiendo entre esa perra que era mi madre y su macho empalándola con morbosos juegos de cinturas. Cuando se apartaron mirándose y diciéndose aquello que no escuché, Mingo se sentó en un banco y mi madre quitándose la tanga, la que arrojó hacia un árbol, se calzó sobre él con las piernas colgando por debajo de ese respaldo, o sea, se montó sobre su macho; cuando el gesto —otra vez— de echar su cabeza hacia atrás, pero ahora con la boca en gemido, me confirmaba que estaba cogiéndose a su «pendejo» preferido; ella comenzó a cabalgar sobre las piernas y los besos fueron más viciosos. No necesité tocarme cuando acabé viendo a mi madre en tremenda escena de sexo al aire libre; como era demasiado tarde, más allá de la media noche no había nadie en ese parque; aunque algún transeúnte disimulaba su paso. Estuvieron un buen rato cogiendo y comiéndose los labios, mi madre se subió el top y dejó a merced de los ojos de Mingo esos pezones que un rato antes eran el relieve de un pecado que se estaba consumando, ahora eran en la boca de él, mientras él le dejaba rastros de saliva que abrillantaban hasta las pecas de esas tetas. Mi madre en sus gestos gimió varias veces, quizás fueron varios los orgasmos desparramados esa noche sobre su amante. Se volvieron a comer la boca, cuando ella poniendo sus manos sobre los hombros de él ...
... sintió la estocada final cuando él gritó —te acabo perra puta—, mi madre se pegó más a su amante como no dejando que quedaran sino dentro suyo cada gota de ese esperma, como de su boca chorreaba la saliva de un chupón final. Mi madre no recogió su tanga, cuando a pocos pasos se cruzó otra vez con Mena, esta le devolvió el perro mientras le llegó a decir —¡te gusta mi hermano!, a lo que mi madre respondió —me vuelve loca con esa pija y sus mordiscos—, no se estaba dando cuenta que un chupón quedó marcado en su cuello. Me apresuré hasta que logré llegar primero que ella hasta el porch de nuestra casa. —Hola Richard. —me dijo inquieta y todavía despeinada con esos rastros de morbo. —¿Qué haces putita?, le contesté. —¿Por qué me decís eso? —Porque tenés tremendo chupón en el cuello que te dejó Mingo y —mostrándole la tanga en mi mano— te olvidaste esto en el parque. —¡Ay hijo!, por favor no le cuentes a tu padre, me mataría. —¡Ay Laurita, tan puta y tan descuidada. —Le dije tomando su mentón y dándole un suave cachetazo que le hizo desprender algunas lágrimas de culpa. —Por favor prométeme que con tu silencio guardamos este secreto. —Me dio un pico en los labios, pero yo pasé mi mano atrevida por debajo de esa minifalda y acariciándole esa concha le sonreí sintiéndola todavía húmeda, ella me devolvió una enérgica mirada, pero cerró esos ojos y se mordió los labios. —¡Basta! Entremos como si volviéramos juntos; —cuando llegó a ver mi pantalón manchado—, ...