1. Morbo y voyeur con mi madre


    Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: MORADO SUBIDO, Fuente: CuentoRelatos

    ... —¡Hijo de puta te pajeaste viéndome coger!
    
    Por supuesto ella se fue directamente a la ducha y yo a cambiarme el pantalón que dibujaba tremendo lamparón de semejante acabada. Pero la noche no terminó ahí, se cubrió el cuello con maquillaje aunque era demasiado morado la marca de los placeres de esa noche. Me miró tratando de esconder en su mirada la culpa; me acerqué y dándole un beso le murmuré al oído —todo tiene su precio, puta— y como si nada nos fuimos a dormir, aunque el ambiente estaba provocándonos ahora a mi madre y a mí; ella no apagaba su luz tenue, seguía leyendo —como todas las noches— al igual que yo en mi cuarto sintiendo los ronquidos de mi padre.
    
    No podía quitar de mi pensamiento la erótica y más aún la pornográfica escena de mi madre montada sobre un macho, pero en vez de enojarme, más me excitaba y otra vez mi bulto se marcaba en mi boxer; fue cuando tomé la decisión de levantarme meterme en el dormitorio de mis padres y de lado de mi madre solo cubierto con ese boxer marcando mi pija erecta, me la quedé mirando; ella alzó su mirada a mis ojos y volvió a fijarla en mi bulto, —¡Ay hijo, por Dios!— murmuró, yo me bajé el elástico y mi pija rebotó delante de sus ojos, ella volvió a morderse los labios ...
    ... —eso era un buen síntoma.
    
    Se volteó para asegurarse que mi padre estuviera profundamente dormido; me tomó la pija, me masturbó sintiendo tanto ella como yo que más dura se me ponía, cerré los ojos cuando sentí que sus labios acariciaban mi glande; sentí como iban y venían rebotando sus labios contra mi pubis; la tomé de los cabellos, acaricié también su espalda llena de pecas, tantas como sus pecados, cuando comenzó a quitarse el camisolín, dejando que ahora yo era quien disfrutaba de esos pezones, apagó luz de su velador.
    
    Y hasta que no derramé todo mi semen en su garganta la seguía sosteniendo de los cabellos sobre mi vientre, ahogándola en sus arcadas, pero sin dejar de chuparme y tragarse mi pija; mientras que, con sus dedos estimulando mi esfínter me volvió a clavar la mirada y sonó la frase esperada —Vamos a tu cuarto, bebe…
    
    En tanga de negro con ese camisolín cayendo por su espalda, descalza y con su pelo batido por mis manos, con esos pezones erectos sobre sus pecosas lolas, ella eran la imagen de una lujuria perfecta. El morbo de cogerme a mi madre y el incesto que ella empezó a provocar aquella noche, tuvo que esperarse hasta que en ese mismo verano fuéramos de vacaciones a Río de Janeiro, ¡pero sucedió! 
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