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Debo embarazar a mamá 13
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... que ya casi tenía sesenta. Por suerte, por más bien que se viera, no dejaba de ser una mujer mayor, así que con ella sí podía contenerme. O eso creía. —Hola, Tadeíto —dijo ella, usando ese diminutivo que me sonó como un insulto disfrazado de cariño. —Hola, abuela —respondí, tratando de mantener la voz neutral. Hubo un segundo de silencio. Un segundo denso, cargado de todo lo que no podíamos decirle de frente. De todo lo que nos habíamos hecho. —¿Está Vero? —preguntó, mirando hacia adentro de la casa como si esperara verla aparecer de la nada. —Está ocupada —contesté, sin ganas de dar más detalles. Ella asintió, como quien acepta una excusa que no le importa demasiado, y sin pedir permiso cruzó el umbral. Yo cerré la puerta detrás de ella con un golpe suave, sabiendo que no iba a ser una charla fácil. La seguí hasta la cocina, donde se sirvió agua de la canilla, como si estuviera en su casa. —Veo que ya estás bien —comentó, como si apenas recordará que me había desmayado en mitad de la calle—. Y también te ves muy bien —agregó, y me pareció percibir un toque de lascivia, tanto en su voz como en su mirada. Era lo mismo que me pasó con Tamara. No era la primera vez que notaba que no me observaba como a un nieto, solo que en otras ocasiones no había sabido asimilar la verdad. Ahora lo sabía. La abuela veía en mí a ese amante que había dejado morir en su pensión. —Sí, ya salí hace un par de días. Se ve que no te enteraste —dije. —Bebé, perdoname ...
... que no fui a verte. Ya sabés cómo odio los hospitales. Además, como me dijeron que no era grave, me quedé tranquila. La vi beber a tragos cortos, su garganta moviéndose, el contorno de sus senos insinuándose bajo la tela fina de la remera cada vez que inclinaba un poco el cuerpo. La escena me pegó en la entrepierna como un recuerdo sucio, uno que no tenía derecho a existir en este presente. Entonces apoyó el vaso en la mesada y se acercó a mí. Me dio un fuerte abrazo. Sentí sus tetas apretándose en mi torso. A mi pesar, mi verga empezó a despertarse. Esperaba que ella no lo notara. —Está bien. No hay problema —dije, separándome de ella. Me apoyé contra la pared, cruzando los brazos, viéndola. Analizándola. Era como mirar un cuadro viejo, de esos que todavía tienen trazos brillantes pero que el tiempo ya empezó a agrietar. Sus ojos celestes seguían siendo lo más vivo de todo su cuerpo. Esos ojos eran traicioneros. Todavía podían hacerme pensar cosas que no debía pensar. De repente se me ocurrió una pequeña venganza. —Bueno, estoy bien. Pero en realidad me pasa algo raro desde ese desmayo —dije. —¿Qué? —preguntó ella, preocupada. —Pero me tenés que prometer que no le vas a contar nada a mamá. No quiero que se preocupe — dije, tratando de contener la risa. —Está bien. Siempre y cuando no sea algo que realmente tenga que saber Verónica. —No, para nada. Solo es que no quiero preocuparla. La cosa es que tengo muchas… pesadillas. —¿Pesadillas? Todo ...