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Debo embarazar a mamá 13
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
Debo embarazar a mamá Capítulo 13 El día siguiente amaneció raro. Aunque supongo que la sensación de extrañeza iba a persistir por mucho tiempo. Me sentía raro en el pasado, y ahora que regresé a mi tiempo igual se sentía raro. Quizás iba a ser algo de lo que iba a tener que acostumbrarme. Como si ningún tiempo y lugar me pertenecieran realmente. O como si me pertenecieran todos. Había un silencio extraño en la casa, como si hasta las paredes estuvieran al tanto de todo lo que me venía carcomiendo desde que me desperté en este maldito 2019. Me levanté tarde, como a las diez. Bajé a la cocina con la excusa de preparar un mate, aunque lo que realmente necesitaba era ver a Verónica. Mejor dicho, a mamá. Sería difícil separar a la mujer madura que me había criado de esa chica a la que había dejado embarazada. Cosa comprensible teniendo en cuenta que eran la misma persona. Ella estaba en la cocina, de espaldas a mí, haciendo algo en la mesada. Llevaba un pantalón de jean que le marcaba muy bien el culo, y una remera suelta que le bailaba en la cintura cada vez que se movía. Tenía el pelo atado en una colita desprolija, y aun así, se veía hermosa. Más hermosa de lo que debería ser mi vieja, pensé. Me costaría mucho trabajo no verla con deseo. Y, de hecho, no estaba seguro de si quería dejar de verla así. Por más que ella no estuviera consciente, habíamos cogido muchas veces. Le había dejado mi semilla, y habíamos concebido un hijo: a mí. Esa unión que teníamos era ...
... más fuerte que cualquier otro vínculo. Y solo saber eso hacía que me dieran ganas de hacer el amor con ella. Estaba más grande, sí. Ya rozando los cuarenta. Pero seguía siendo increíblemente hermosa. Y ahora, desde que regresé del pasado, me parecía aún más hermosa. Como si estuviera redescubriendo su cuerpo, sus gestos, su olor, todo lo que me atraía de la Verónica que fue mi pareja sexual. Tragué saliva y me acerqué haciéndome el desentendido. —Buen día —murmuré, carraspeando. —¡Buen día, dormilón! —me respondió ella, con una sonrisa grande. Puso una taza de café frente a mí y se sentó en la mesa, cruzando las piernas de una forma tan natural y tan sexy que me dieron ganas de salir corriendo a golpearme la cabeza contra la pared. Nos quedamos un rato en silencio. Yo revolvía el café como un idiota, mirándola de reojo. Ella hojeaba una revista vieja que encontró en el frutero. Y aunque parecía tranquila, notaba que me miraba cada tanto, como esperando algo de mí. No sé... una sonrisa, una palabra, una señal de que todo estaba bien. Pero yo estaba hecho un lío. No podía evitar verla joven de nuevo. No podía evitar recordar su cuerpo desnudo, sus besos, sus manos acariciándome en la plaza aquella noche. No podía evitar pensar en todo lo que había hecho, en todo lo que había sentido... y en todo lo que había perdido. Me pregunté si la había perdido. Era una pregunta estúpida, pero a la vez me parecía de lo más lógica. —¿En qué pensás? —me preguntó de ...