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La viuda sumisa
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: parejagirona, Fuente: TodoRelatos
... imaginaba ser la esclava de Gorka, como José Antonio y Paqui, su pareja sumisa, si no que me excitaba imaginarme como la esclava de ellos. En el fondo, Gorka me producía morbo, excitación, pero ser sometida por él habría sido una relación normal entre Amo y Sumisa. En cambio, ser la esclava de aquel matrimonio que me parecía patético, ridículo hasta el extremo, me hacía sentirme la persona más rastrera del mundo. Todo eso Gorka lo sabía. Al cabo muchos meses de relación virtual vino el salto que comenzaría con mi evolución. Acepté enviarle fotos que Gorka me pedía, sin cara, primero, y con el tiempo y la confianza, completas. Por las mañanas le daba los buenos días y tenía orden de detallarle con que historia me había masturbado por la noche, ya que él sabía que mis masturbaciones eran diarias, para dormir. Me hacía enseñarle que ropa interior me iba a poner, y explicarle mis planes del día. Era excitante, me sentía su esclava, pero solamente a nivel virtual, mental, sonreía por la calle sin venir a cuento pensando que llevaba el tanga que él me había ordenado llevar, por ejemplo. Como es normal, también tenía mi nombre de esclava, que Gorka usaba para humillarme al dirigirse a mí. Como él había leído todos mis relatos, consideró que el nombre que mejor me quedaba, a la vista de mi físico, era Chochogordo. Era un nombre que mi difunto marido también había usado en juegos sexuales conmigo, para degradarme, y que yo había introducido en mis escritos de Todorelatos. ...
... Realmente mi coño es grande, mis labios son alargados, colgones, gorditos. Mi clítoris, con el capuchón salido, decía mi marido que le parecía un minipene, por lo hinchado que se ponía cuando me excitaba, hasta el punto de no poder tocarlo por el dolor que me producía. Tengo curvas, pecho algo caído pero bonito y un culo rotundo. Rubia teñida, a mi marido también le gustaba ridiculizarme con la típica frase de rubia de bote, chocho morenote. Eran juegos solamente, que finalizaban con el orgasmo y el silencio hasta la siguiente entrega. Cada día conversábamos y salían en la conversación José Antonio y Paqui, los cuales a esas alturas ya me parecían repulsivos. Ella, esquelética, fea, con un pecho pequeño y flácido, medio desdentada. El, con esa cara de enfermo sexual, con la mano siempre en su pene, excitado continuamente, me recordaba a los monos esos que se pasan el día tocándose. Veneraban, idolatraban a Gorka. Por el hacían cualquier cosa, y eso hizo que yo le pidiera a él fotos o videos de ellos haciendo guarradas que me podían excitar, o si no, pensar que nadie en su sano juicio haría, como retos para ver si eran capaces. Llegue a ver a José Antonio comer su propio excremento, o a Paqui meterse un calabacín por el coño. Yo los despreciaba en la misma medida que me producían morbo, y cada vez más necesitaba imaginarme humillada por ellos en mis masturbaciones. Gorka conocía perfectamente mis fantasías, mis morbos, y acabo creando un grupo de WhatsApp de los cuatro. Lo ...