1. Engaño a mi hermano y me rompe el culo como castigo


    Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Adicta al Sexo, Fuente: CuentoRelatos

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    Escúchalo narrado por su autora
    
    El tema del sexo anal surgió con mi hermano Álex hace unos días.
    
    Yo le provoqué durante todo el día, y el pobre estaba desesperado por la noche. Por un momento tuve pánico a que estuviera enojado conmigo. Yo afirmé que lo tenía virgen con veintiún años. Álex confesó no haberlo probado a sus veinticuatro ni siquiera con su novia. Decidí ofrecerle mi culito para contentarlo, y esa noche probamos, pero yo me quejé de que dolía.
    
    Probamos nuevamente el día siguiente.
    
    La idea era hacerlo poco a poco, varias veces cortas a lo largo del día y con ayuda de algún lubricante especial. El problema es que apenas me dolía al meterla, pero me quemaba al sacarla. Propuse hacerlo en la ducha para que el agua me refrescara la zona.
    
    A mediodía estábamos en una farmacia. Yo no quise pedir el producto porque me daba vergüenza. Imaginé al farmacéutico mirando mi rostro angelical, tomándome por una adolescente porculera. Lo compró mi hermano y nos fuimos la mar de contentos. Se trataba de vaselina especial para sexo anal, y en la cajita se leía con letras bien grandes, “Efecto polar”. Entendimos que refrescaría el agujerito más que el agua tibia que sale por el caño en julio.
    
    Llegamos a casa con prisa, fuimos a la ducha, nos desnudamos, me coloqué cara a la pared y saqué el culo todo lo posible.
    
    -Esto tampoco funciona -dije con tono de ...
    ... resignación-. Ahora recuerdo algo que me dijo Mariloli.
    
    -¿En serio existe la tal Mariloli? -preguntó mi hermano frunciendo el entrecejo-. Anoche la nombraste tanto, que pensaba que la habías inventado.
    
    Solté varias risitas, asentí con la cabeza repetidamente y añadí:
    
    -Ella dice que es importante hacerlo en una postura que permita separar las nalgas cuanto más mejor.
    
    Álex hizo un gesto con la mano, expresando que se le había ocurrido una idea. Se secó con prisa, fue corriendo al jardín y regresó con un banco de madera, sin respaldo y con un cómodo cojín. Me pareció que podría estropearse con el agua, pero mi hermano explicó que era especial para exteriores, que aguantaba las inclemencias del tiempo incluida la lluvia.
    
    Ordenó que me tumbara boca arriba y me abrió las piernas al tiempo que las alzaba. Luego pidió que me las cogiera con las manos para que no cedieran. Era imposible hallar mejor postura, y lo intentó con abundante vaselina un par de veces, pero yo seguía quejándome de quemazón al sacarla. Decidimos intentarlo pasado un buen rato; no obstante, ya que estaba como estaba, le pedí que me diera una follada por el coño hasta correrme. Él quiso hacerlo también, pero le pedí que se abstuviera por razones obvias.
    
    Estas razones se resumen en que mi hermano es un tanto flojo, le cuesta muchas horas motivarse de nuevo tras eyacular. Esto le impediría ponerse a tono cuando probáramos otras tantas veces. Le costó resignarse y repetimos seis o siete veces antes de ...
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