1. Engaño a mi hermano y me rompe el culo como castigo


    Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Adicta al Sexo, Fuente: CuentoRelatos

    ... que regresaran mis padres. Al final de la noche, cuando los papás dormían, fuimos al cuarto de la lavadora en el otro extremo del chalet, y allí nos desfogamos los dos.
    
    Seguimos este mismo proceso los dos siguientes días. En todos los intentos me quejé con motivos similares y apenas se producían cambios significativos.
    
    El tercer día ocurrió algo inimaginable.
    
    Yo había regresado de mi salida con las amigas y estaba en mi dormitorio hablando por teléfono con Sonia, una compañera y amiga de universidad. Cuando la colgué, bajé a darme un baño en la piscina. Me extrañó ver a mi hermano sentado en el bordillo, cabizbajo y con cara de cabreado. Yo sabía que iba a cenar con la novia y luego irían al cine a la sesión de las once. Le pregunté por su repentino regreso y respondió de mala gana.
    
    -Hemos discutido por una tontería después de cenar y cada cual a su casa. Lo peor de todo es que tenía ganas de follar con ella para desahogarme. -Hizo una pausa, me lanzó una mirada matadora y añadió golpeando el agua con el puño cerrado-. La culpa es tuya, que me has tenido a dos velas todo el día.
    
    Me sentí devastada. Nunca me había hablado de un modo tan cruel, pero tenía razones sobradas para hacerlo. Le contenté proponiendo coger el coche de mamá, ir a un lugar discreto y follar como animales. Yo no entendía por qué, pero me echó el polvo más rápido de la historia, apenas cinco minutos de intenso mete-saca, lo justo para correrse. Yo me quejé amargamente porque ni tiempo tuve ...
    ... para imaginar un orgasmo.
    
    Lo interesante de esta historia vino el día siguiente.
    
    Yo dormía la siesta y desperté sobresaltada. Álex estaba sentado a horcajadas sobre mi estómago. Le pregunté qué hacía y respondió con incógnitas.
    
    -No preguntes porque rompes la magia del momento. -Sonrió de un modo sospechoso y añadió-. Siempre te quejas de que no te sorprendo y quiero hacerlo ahora. Solo dime si quieres que siga. Te garantizo que te gustará.
    
    Vacilé un instante y asentí con los ojos intrigada.
    
    Tiró de mis brazos para incorporarme, me quitó la camisetita que uso para dormir y pidió que volviera a tumbarme con los brazos estirados hacia atrás.
    
    Una vez estuve como había ordenado, rebuscó con la mano detrás de sí y mostró un par de cinturones. Dijo que eran de nuestros albornoces, suaves porque pretendía atarme al cabecero de la cama. Mi mente comenzó a fantasear y pregunté sonriendo si pretendía torturarme. Álex afirmó varias veces con la cabeza, amarró mis manos e hizo lo mismo con los pies, tras despojarme de la braguita y sacar otros dos cinturones. También había desvalijado los albornoces de nuestros padres. Quedé con el cuerpo y las extremidades en forma de equis.
    
    -Ahora quiero que cierres los ojos y no los abras hasta que te diga -ordenó con tono misterioso.
    
    Obedecí y supe que salía del dormitorio al alejarse el sonido de sus pasos. No tardó en regresar, y sentí que algo suave me acariciaba los pechos. Pregunté de qué se trataba. Respondió que era la ...
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