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Ella intentó todo por serle infiel
Fecha: 04/06/2026, Categorías: Hetero Autor: erostres, Fuente: CuentoRelatos
... un grado superior. Sentía ganas de romper cosas, de destruir, de… ¿Que probabilidades había de encontrarse con un gay? El destino se estaba burlando de ella. La noche era cerrada, sin estrellas ni luna. Según se iba alejando del centro donde vivía la iluminación iba disminuyendo. Cada vez las mortecinas farolas amarillas estaban más distanciadas unas de otras. Vio un parque donde no había entrado nunca por ser territorio de pandillas y gente peligrosa, pero hoy quería peligro, quería riesgo, quería sentir cosas. Entró decidida al parque. Dentro no había ningún foco luminoso, solo llegaban unos hilillos de luz de la farola de la entrada que ni tenían fuerza para proyectar sombras. Unos siete u ocho chicos ocupaban un banco, la mayoría sentados en el respaldo, otros apoyados. Laura anduvo sin dudar hacia ellos. Estaban fumando porros y tenían una pinta patibularia. Esos le darían sexo a base de bien. Al llegar a unos tres metros de donde estaban se volvió a abrir la gabardina diciendo: —Chicos. ¿Os gusta esto? Ellos la miraban con deseo, las pollas se iban abultando, pero eran una banda organizada y tenían un jefe. Lo miraron pidiendo su permiso para follársela por todos los agujeros. Iban a montar una buena juega con esa buenorra tan tonta para venir aquí sola. Pero el jefe movió la cabeza negativamente y susurró a sus esbirros tan flojo que Laura no lo pudo oír: —Seguro que es una trampa, nos deben de estar filmando. O es una policía o nos la manda la banda del ...
... machete para implicarnos en un delito. No podemos correr riesgos, al que la toque lo rajo. Laura dejó caer la gabardina al suelo y se acercó andando hacia ellos con la ropa interior sólo. Esperaba que saltaran sobre ella como animales que eran y la violaran salvajemente. Estaban cachondísimos, notaba los bultos que crecían en todos los pantalones a pesar de la poca luz. Pero algo no iba bien, no se movían. Babeaban rozándose los penes, pero nadie se movía. El jefe habló. —No está mal, pero es que nosotros usamos una calidad más alta. —¿Otra calidad? Laura no entendía nada, si estaba de infarto. ¿Qué quería decir ese gamberro? —Estás un poquito mayor y esas tetas… no sé, no parecen buenas. Parecen de esas falsas baratas. Laura se miró los pechos que rozaban la perfección, realzados por uno de los sujetadores más caros del mercado y quedó conmocionada, quería morirse. Ni unos degenerados la querían violar. Recogió su gabardina del suelo y se la puso derrotada. Unas lágrimas saladas recorrían sus mejillas. Se sentía como un trapo sucio. ¿Y si su marido tenía razón y no era apetecible? Cuando se dirigía hacia la puerta del parque el líder dio un silbido y le dijo: —Un par de manzanas más para allá hay otro parque donde está la banda del machete. Ellos no son tan sibaritas como nosotros. Prueba a ver si tienes más suerte. Mientras se dirigía hacia casa ya no andaba con seguridad. Ahora ya no era nadie, era una sombra que vagaba. Toda su autoestima se había ...