1. USUARIO: Dominante


    Fecha: 04/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Autor: daddybear, Fuente: SexoSinTabues30

    ... sonido húmedo de su verga entrando y saliendo de mi culo.
    
    Su verga no me cupo; no pudo pasar de la mitad, y lo sabía porque con mis manos intentaba sentir cuánto quedaba afuera, o mejor dicho, cuánto había sido capaz de meter en mí. Me hubiera encantado recibirla toda, sentir mis nalgas rozar su pubis perfectamente depilado, el calor de su piel contra la mía, y escuchar el sonido rítmico de sus huevos grandes chocando contra mí con cada embestida, un golpe suave pero firme que me habría llevado al límite. Pero el dolor era demasiado, mi cuerpo no estaba listo para tanto, aunque con lo que tenía dentro era más que suficiente. Su grosor era tan abrumador que oleadas de placer me recorrían el cuerpo, haciendo que mis piernas temblaran incontrolablemente, mi pene goteando líquido preseminal sobre la mesa mientras él me cogía sin parar.
    
    Me estuvo cogiendo así durante unos 20 minutos, un vaivén constante de placer y dolor que me tenía al borde del éxtasis. Finalmente, se retiró con un movimiento lento, dejando un vacío en mi interior que me hizo gemir de alivio y por su ausencia al mismo tiempo. Se quitó el condón con un movimiento rápido, dejándolo a un lado, y comenzó a masturbarse frente a mí. Me volteó con firmeza, poniéndome nuevamente de rodillas sobre el suelo frío del restaurante, y se acercó hasta que su verga estuvo justo sobre mi cara. Sus huevos, grandes y pesados, que tampoco olían a nada, solo a piel, quedaron a la altura de mi nariz y boca. No pude resistirme: ...
    ... abrí la boca y comencé a succionar cada uno de ellos con devoción, mi lengua rodeándolos mientras sentía su peso y su calor contra mi rostro. Primero tomé uno, llenando mi boca con su tamaño, lamiendo cada rincón mientras él gemía sobre mí, su mano moviéndose rápido sobre su verga. Luego pasé al otro, succionándolo con la misma intensidad, mi nariz hundida en su piel mientras el aroma masculino me envolvía, mis manos apretando sus muslos para mantenerme firme mientras él se masturbaba con furia.
    
    Su respiración se aceleró aún más, volviéndose errática, y supe que estaba por venirse. No quería que me cayera en los ojos —es una sensación horrible—, así que me aparté ligeramente hacia un lado en el momento justo. Fue una decisión perfecta, porque en ese instante, cinco chorros abundantes de leche espesa salieron disparados de su verga, pasando sobre mi hombro y cayendo en el piso impecable del restaurante con un sonido suave pero claro. Sus contracciones musculares eran embriagantes: podía ver cómo su verga se ensanchaba aún más con cada espasmo, el glande hinchándose mientras expulsaba cada chorro, su semen espeso y blanco goteando también entre sus dedos, resbalando por su mano y cayendo en pequeñas gotas al suelo. Cada contracción hacía que su cuerpo se tensara, los músculos de su abdomen y sus muslos marcados mientras gruñía de placer, su mano apretando su verga con fuerza para exprimir hasta la última gota de su clímax. El brillo del lubricante mezclado con su semen hacía ...
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