1. USUARIO: Dominante


    Fecha: 04/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Autor: daddybear, Fuente: SexoSinTabues30

    ... inclinándose sobre el mío mientras su verga forzaba mi cavidad anal. Sentí un dolor intenso, pero soportable, cuando la cabeza pasó por las paredes de mi esfínter, abriéndome con un estiramiento que me hizo gemir fuerte, mi cuerpo tensándose por la invasión repentina.
    
    Hacía mucho tiempo que nadie me cogía, y mi culo estaba completamente cerrado, así que no pudo avanzar más allá de la cabeza en ese primer empujón. Se quedó quieto durante unos segundos, quizá poco más de un minuto, dándome un momento para ajustarme mientras mi respiración se volvía un desastre. En ese tiempo, sin salirse de mí, sacó un cigarro de su bolsillo y lo encendió con calma, el sonido del encendedor rompiendo el silencio del restaurante. Con cada bocanada de humo que exhalaba, empujaba su verga ligeramente contra mi canal anal, el aroma del tabaco impregnando la habitación mientras yo sentía cómo mi cuerpo intentaba adaptarse a su grosor.
    
    De pronto, un poco de ceniza tibia cayó sobre mi espalda desnuda. No me quemó, pero la sorpresa me hizo arquear la espalda y echarme hacia atrás instintivamente, un movimiento que permitió que su verga entrara unos milímetros más en mi interior. Gemí fuertemente, una mezcla de placer y dolor recorriendo mi cuerpo mientras sentía cómo me abría un poco más, mi esfínter dilatándose lentamente para recibir a ese inmenso invasor. Él, por su parte, aprovechó mi reacción y empujó un poco más, metiendo otros milímetros con cada movimiento, abriéndome cada vez más ...
    ... mientras mi culo se expandía, luchando por adaptarse al grosor que me llenaba.
    
    Cuando más o menos estaba a la mitad, lo sentí retroceder ligeramente, sacándola un poco, y entonces comenzaron las embestidas. Cada empujón era un ataque directo a mi interior, su verga gruesa entrando y saliendo con un ritmo que mezclaba rudeza y control. La cabeza de su pene, más estrecha, abría el camino, pero el tronco ensanchado que la seguía me hacía sentir como si me partiera en dos, mis paredes internas estirándose al máximo con cada embestida. Podía sentir cada vena marcada de su verga rozando mi interior, el lubricante facilitando el deslizamiento pero no eliminando del todo el dolor que venía con su grosor. Mientras me cogía, él bufaba y gemía con sonidos fuertes, su respiración pesada resonando en el restaurante vacío. Entre jadeos, balbuceaba frases cargadas de deseo: “No mames, qué rico,” gruñía, o “Estás bien apretado, cabrón,” mientras sus manos apretaban mis caderas con fuerza. A veces murmuraba con una voz ronca: “Te voy a coger un chingo de veces,” y esas palabras, mezcladas con sus embestidas, me llevaban al límite.
    
    Mis gemidos se mezclaban con jadeos de dolor y placer, mi cuerpo temblando sobre la mesa mientras él me cogía con una intensidad que resonaba en cada rincón del restaurante vacío. La mesa crujía bajo mi peso con cada movimiento, mis manos aferrándose a mis nalgas para mantenerlas abiertas mientras él me penetraba una y otra vez, su respiración pesada acompañada del ...