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Maestra rural, cogida en el río
Fecha: 05/06/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Miss Tomi, Fuente: TodoRelatos
... verdes. El agua brillaba bajo el sol, pero él solo tenía ojos para mí. —Quítese eso…— ordenó, tirando de mi tirante con con sus dedos torpes… —¿Así no más? ¿Sin ni siquiera un "por favor"?— Me reí, pero dejé que el vestido cayera poco a poco, primero revelando mis tetas y luego revelando la tanga roja que apenas cubría mi vagina, o mi “puchita” como él incistía en decirle, si bien era muy coloquial y casi vulgar.. la verdad es que en ese momento me excitaba bastante. Él resopló, su camisa ya abierta del todo, el abdomen marcado brillando de sudor. —Se ve más puta que santa, profe…— —Y tú más cachondo que educado*—, respondí, desabrochando su cinturón con un tirón. Su pantalón cayó, revelando boxers negros, empapados de sus líquidos preseminales. Lo empujé contra un árbol, la corteza áspera marcando su espalda. —Quiero oír cómo me pides lo que deseas—, susurré, arrastrando mis uñas por su torso. —T-Tomi… chúpame la verga…— Jadeó, las manos en mi pelo. —Así no.— Me arrodillé, pero detuve mi boca a un centímetro de su verga. —Dilo bien.— —¡Quiero tu boca en mi verga, maestra!— Rugió, y yo obedecí, tragándomela entera mientras él gemía. El sabor salado de su piel mezclado con el perfume del río. Sus gemidos rotos, ahogados por el sonido del agua. Mis uñas clavándose en sus muslos y sus nalgas cuando me tenía arrodillada ante él… todo fue una delicia Me puso tan caliente que sin palabras lo hice acostarse sobre la manta que llevaba y ...
... lo monté sin prisa, dejando que cada centímetro de su verga dura, mojada y brillante por una mezcla de mi saliva y sus jugos me llenara. —Aquí no soy tu profe…— Jadeé, moviéndome arriba y abajo, sintiéndolo palpitar dentro de mí. —Solo soy una mujer que te va a hacer adicto a su pucha!.— —Mírame— ordené, clavando mis uñas en su pecho mientras bajaba centímetro a centímetro, haciéndolo sentir cada pliegue que lo envolvía. —Quiero ver cómo se te olvida hasta tu nombre. Él jadeó, los músculos del abdomen tensos como cuerdas, las manos agarrándome las caderas con desesperación. —T-Tomi… está demasiado… apretada— gruñó, los ojos vidriosos. Me detuve justo cuando la cabeza rozó mi punto más profundo, sonriendo al ver cómo temblaba. —¿Asustado, muchacho?*— Me incliné, mis pechos rozándole la boca. —Esto es solo el calentamiento. Entonces comencé a moverme, no arriba y abajo, sino en círculos lentos, moliéndolo, frotando su verga contra las paredes internas que lo hacían gemir. —¡Mierda! ¿Dónde… aprendió eso?— —En libros que tú no leerías— gemí, acelerando el ritmo solo para detenerme de nuevo, sintiendo cómo se retorcía debajo de mí. Después de unos minutos en los que sentí que le sacaría toda la leche, me puse de pie, lo ayudé a levantarse y lo empujé hacia atrás, contra el tronco nudoso de un sauce. —Ahora de pie, niño malcriado— dije, girándome para que me agarrara por detrás. Sus manos me cubrieron las tetas, apretando con fuerza mientras su ...