1. Ayuda entre hermanas (FINAL)


    Fecha: 08/06/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... si el miedo fuera otro de los placeres del menú. Se bajó los shorts, dejándolos caer hasta los tobillos y pateándolos con elegancia de felino. Quedó desnuda, salvo por la braga de algodón, que usó como excusa para arrastrar la situación unos segundos más.
    
    —Hazlo tú —dijo, y me miró a los ojos.
    
    Tuve que obligar a las manos a moverse. Me quité el suéter, la blusa, el brasier. Me quedé en pantalón y bragas, vulnerable. Diana se me acercó, su piel caliente rozando la mía. Me besó, primero en la mejilla, después en la boca, y de ahí se derramó la urgencia: las lenguas, los dientes, el aliento.
    
    Diana se tiró en la cama y me jaló consigo. El colchón olía a detergente barato, a mis sueños, a los restos de sudor de las noches anteriores. Nos abrazamos, la piel contra la piel, con la desesperación de los que saben que no tienen futuro.
    
    —Te voy a hacer sentir cosas nuevas —susurró, y bajó la mano por mi espalda hasta llegar al elástico del pantalón. Me lo bajó sin ceremonias, y luego lo mismo con la braga, dejando mis nalgas expuestas al frío y al tacto de su palma.
    
    Nos frotamos. Diana apretó una de mis tetas, mordió mi hombro, me arañó la espalda. Yo enterré la cara en su cuello, olí el perfume de su cabello, me dejé intoxicar por el olor animal que emanaba de nosotras dos.
    
    Diana bajó la mano entre mis piernas y me tocó, sin prisa, sin piedad. Frotó el clítoris con el pulgar, lento, como si supiera que cuanto más tiempo tardaba más me iba a derretir. Yo gemí, ...
    ... bajito, casi como un sollozo. La mano de mi hermana era experta y cruel; me llevó al borde y me retuvo ahí, burlándose de mi temblor.
    
    —¿Quieres probar algo nuevo? —preguntó de repente, y me sorprendió, casi me dio miedo.
    
    —A ver… —tenté el terreno.
    
    —Vale, vamos a probar por atrás.
    
    No entendía a qué se refería. Diana se acomodó boca abajo, levantó el culo, abrió las piernas y me jaló de la muñeca.
    
    —Quiero que me des un beso negro.
    
    Me detuve.
    
    —¿Un qué?
    
    —Beso negro —repitió, y el sonido de la palabra me atravesó el cuerpo—. ¿Nunca has oído?
    
    Negué con la cabeza.
    
    Diana se carcajeó. Luego, se puso en cuatro, con las nalgas al aire y la cara escondida entre los brazos.
    
    —Ven. Sólo tienes que comerme el culo, literal. Cómo lo haces con mi concha pero con mi culito.
    
    La frase me petrificó. Sentí el impulso de decir que no, que eso era asqueroso, que nunca jamás, que ni en un millón de años. Pero el deseo me inundó. Ver a mi hermana en esa posición, la espalda arqueada, las nalgas redondas y firmes, la piel estirada y perfecta. El agujero del culo, oscuro y apretado, enmarcado por los pliegues de carne que temblaban con su respiración.
    
    Me arrodillé detrás de ella, acercando la cara. Diana gimió apenas sintió mi aliento cerca.
    
    —Hazlo, enana. No seas gallina —dijo, y yo obedecí.
    
    Saqué la lengua y le di un lametón largo, de abajo hacia arriba, tocando primero la hendidura de la vulva y luego el centro exacto del ano. Diana gritó, un grito breve pero ...
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