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Intercambio entre hermanas - completo (cap. 04)
Fecha: 09/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos
... habitación, la pilles desprevenida y… ¡zas! El polvo lo tienes asegurado… FRAN: Ostras, Marta, ¿tengo que atacar ahora, justo después de desayunar…? MARTA: Venga, cariño, no me digas que te vas a rajar ahora de nuestro plan… Estas palabras me revolvieron el estómago. Joder, y yo que pensaba que las ganas de venganza de Marta iban desapareciendo. Estaba claro que no era así, y que éstas reaparecían cuando la ocasión lo propiciaba. FRAN: No es eso, cielo… Es que no son horas de follar… Esas cosas apetecen por la noche, con unas copas… y eso. Además, necesitaba escribir unos correos del trabajo. Tengo la mañana ocupada… MARTA: Bueno, vale, vale… Me fastidia, pero me aguanto…. Pero hazme un favor, cielín… Solo mira a ver qué hace Ana y esta noche me lo cuentas… Y así jugamos los dos como estos días… ¿No te apetece? Tuve que reconocer que Marta sabía manipularme. Con esta frase, mi instinto erótico empezó a despertar. Bajo mis pantalones algo se removió sin intervención consciente. Pensar en los juegos que nos traíamos mi mujer y yo cada noche a costa de su hermana inclinó la balanza hacia su lado. FRAN: Vale, está bien… voy a verla cinco minutos y luego te cuento… Pero no me mandes más mensajitos, que no tengo tiempo de contarte nada ahora… MARTA: Vale, cari, luego hablamos… tqm. FRAN: Hasta la tarde. tqm. * Tras cortar el chat con Marta, me levanté perezoso de la silla, recogí los utensilios del desayuno —los jueves no tocaba venir a la ...
... asistenta—, los metí en el lavavajillas y me fui derecho hacia mi cuarto. Me aseé lo mínimo indispensable y cambié el pijama por ropa de estar por casa. Luego me dirigí hacia el cuarto de Ana. Probé la puerta de la habitación que daba al pasillo y comprobé que no estaba cerrada por dentro. Entré al pequeño hall que daba paso al baño privado de ese cuarto, a la derecha, y me fijé en la puerta que daba acceso al dormitorio propiamente dicho. Como imaginaba Marta, esa puerta se hallaba entornada, pero dejaba una ranura lo suficientemente grande como para poder observar desde fuera lo que sucedía en su interior. Y lo que sucedía en su interior era lo esperado: mi cuñada estaba recreando la escena de hacía una década. Ana había puesto música suave y bailaba abrazándose a sí misma. Estaba realmente hermosa con el atuendo casi infantil. Un atuendo que, en su cuerpo de mujer, le quedaba tremendamente morboso. Mientras la observaba furtivamente, tuve la sensación de estar viendo una película para adultos. —Pasa… —dijo Ana para mi sorpresa—. No te quedes ahí fuera. Un escalofrío me recorrió la espalda. No dije una sola palabra, pero acaté su petición y me colé en el dormitorio. —¿Te preguntas por qué sabía que estabas ahí…? —sonreía con picardía. —Bueno, sí… un poco… —fue lo único que pude decir. —Pero, bobo, si eres muy fácil de pillar… Menudo espía estás hecho… —su sonrisa me alegraba, pues demostraba que no se sentía ofendida porque la hubiera estado mirando a ...