1. Intercambio entre hermanas - completo (cap. 04)


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos

    ... escondidas—. Aparte de que andas haciendo bastante ruido con esas zapatillas gigantes, te he visto reflejado en el espejo vestidor…
    
    Se refería al espejo al que había fotografiado para su selfie, y lo comprendí demasiado tarde. Quería que aquella incursión fuera clandestina y poder escabullirme cuando me hubiera apetecido, pero me había pillado infraganti. Acepté su explicación con un movimiento de cabeza y no dije nada.
    
    —Pero, cuñado… —dijo ella ante mi mutismo—. ¿Qué te pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato?
    
    —No, la verdad es que… —titubeé al principio, pero luego confesé de plano—. Mira… la verdad es que me has dejado atónito por lo guapa que estás con ese uniforme. Me ha recordado totalmente…
    
    —…A la tarde en que me espiaste en Barcelona, ¿a que sí?
    
    —Ufff… —repliqué—. Vaya que sí… Bueno, ahora estás mucho más hecha, eres más… mujer… Y bastante más alta, todo hay que decirlo… Estás realmente preciosa, te lo aseguro… mucho más que entonces. Y eso que la ropa te queda pequeña…
    
    —Gracias por el piropo, guapo… —dijo y dio un giro con su cuerpo que hizo revolotear la corta falda por encima de sus muslos. Mi nivel de adrenalina se disparó con aquel movimiento.
    
    —De nada, cuñada… No digo nada que no sea verdad.
    
    De pronto, ella cambió de tercio.
    
    —¿Quieres bailar…? —Me tomó de una mano y tiró de mí—. Esta música que he puesto es muy de bailar «pegados»… venga, acércate más, que no como…
    
    —No sé, chiquilla… —Intentaba resistirme—. Si yo no he sabido ...
    ... bailar nunca… Recuerda que la otra noche en la disco te pisé dos veces.
    
    —Venga, sin excusas, Fran… —dijo con tono inocente—. Tú solo arrímate a mí y yo te llevo, como ese día.
    
    Y Ana se pegó a mí, vaya si lo hizo. Sus muslos en los míos y su entrepierna a la altura casi de mi ingle ejecutaron el milagro de la vida y mi erección empezó a elevarse desafiando a las leyes de la gravedad. De nuevo noté el calor que emanaba de su vulva, aquella vulva suave y rala que recordaba de la tarde en su casa de Barcelona. Seguro que ahora no sería tan infantil, me decía, a no ser que se la hubiera depilado con láser, de la manera en que lo hacen las actrices.
    
    No hacía más que pensar en ese tipo de cosas y empezaba a sentirme culpable por ello. Joder, no entendía por qué me reprimía tanto a mí mismo, teniendo en cuenta que mi propia mujer me empujaba a traspasar todas las barreras que me separaban de su hermana y lanzarla sobre la cama antes de follarla con el alma. Eso, en el caso de que Ana se dejara, por supuesto.
    
    De todas formas, no me sentía con el valor necesario para dar el paso e incitarla a dejarme entrar dentro de ella. Tontear con Ana era una gozada, pero ir más allá eran palabras mayores. Al menos de momento. Así que preferí dejarme llevar y sentir el calor de su piel pegada a la mía mientras bailábamos abrazados. Y nada más.
    
    Cuando el tercer tema de su lista de reproducción terminó, Ana se separó y me miró pícara.
    
    —Se me está ocurriendo una idea que sé que te va a ...
«1...345...11»