1. Intercambio entre hermanas - completo (cap. 04)


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos

    ... tarde, con la mano izquierda masajeaba su clítoris y con la derecha ayudaba en tareas de apoyo.
    
    Tras un sinfín de ligeras sacudidas de cadera, el orgasmo estalló en su vientre casi sin avisar. Fue en ese instante cuando dos dedos de su mano izquierda entraron como una exhalación en su vagina y empezaron a moverse sin control dentro de ella.
    
    Mi mano se acompasó con la suya y mi masturbación llegó al punto álgido. Ana se corría y yo me corría con ella. Mientras ella respiraba agitada y doblaba las rodillas hacia arriba, mi pene llegaba a su máxima tensión y empezaba a eyacular. Mientras ella movía la mano auxiliar sobre sus pechos para sobarlos con ansia, mi pene disparaba el primer hilo de esperma espeso y caliente sobre la puerta de entrada a su dormitorio. Mientras sus espasmos la transportaban al séptimo cielo, haciendo que sus piernas se abrieran y cerraran de forma inconsciente, mi pene seguía escupiendo semen con una sacudida en mis testículos a cada disparo. Mientras ella abría la boca para tomar un aire que había estado reteniendo mientras el clímax la mataba de placer, yo me mordía los labios para no gritar.
    
    Cuando, por fin, toda su espalda se arqueó y un gemido brutal escapó de su boca, yo me dejé caer de rodillas, agotado por el esfuerzo.
    
    Una vez terminada la locura, Ana se estiró sobre la cama respirando temblorosa como si hubiera galopado una carrera de fondo, la vista fija en el techo del cuarto. Yo la miraba avergonzado desde la puerta, aún de ...
    ... rodillas. Ella volvió la cabeza y me miró sonriente.
    
    —Gracias por estar ahí, Fran… —dijo en tono meloso—. Sin ti no habría podido ser tan bello este momento.
    
    —¿Ha sido… «bello»? —la palabra no me pegaba demasiado asociada a un orgasmo brutal, pero no quise corregirla.
    
    Intenté levantarme, las manos sujetando mi pene para no crear mayor estropicio del que ya había provocado. Antes de conseguirlo, Ana ya se había recolocado las bragas y los leotardos, se había levantado de la cama y se había plantado ante mí.
    
    —Vaya, cuñado… —dijo llevándose una mano a la boca—. Menuda la que has liado… Espera, no te muevas, que voy a limpiarlo.
    
    Saltó por encima de mí y se introdujo en el baño. Salió con una bayeta húmeda y limpió el esperma de la puerta y del suelo. Luego me miró las manos —y lo que éstas guardaban— y me animó a meterme en su baño y lavarme en el bidé.
    
    *
    
    Ana aprovechó para hacer pis y la estampa que se formó en el baño me pareció tierna, a la vez que ridícula. Yo, sentado a horcajadas sobre el bidé y lavando mi entrepierna con agua y jabón. Ana, sentada sobre la taza del wáter, con los leotardos y las bragas a media espinilla.
    
    Mi cuñada mencionó la escena y reímos como tontos. Cuando estuvimos aseados, salimos del baño y Ana me pidió que no me fuera, que me quedara un rato con ella.
    
    Volvimos al dormitorio y nos sentamos en su cama. Hablamos de naderías, de mi trabajo y de su oposición, de los compañeros… y de otras cosas sin importancia.
    
    —Yo pensaba que ...
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