1. Las travesuras de Lucía


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30

    ... entrenado y autorizado para trabajar con menores, quería darle una miradita bajo la falda a una de ellas. Miguel torció la boca y chasqueó ruidosamente. A continuación dejó los libros con desdén en la mesa, gesto perfecto para abandonar la rectitud y regresar a la animalidad. Se sobó el pantalón y anduvo hacia Camelia. Daba pasos mudos hacia el paraíso, mordiéndose el labio de abajo. Después de una eternidad estuvo allí, a diez centímetros de su falda de colegial, tan limpia y bien portada. Nunca había percibido el aroma de una. ¿Cómo, acaso? El aire que devolvía la prenda lo llevaba a sus propios años de colegio, y como estaba mezclado con el del fin de sus largos cabellos, evocó al mismo tiempo sus más sensuales experiencias.Al diablo las cámaras de seguridad. Solo si alguien denunciaba algo, verían los videos. Pero no había nadie necesariamente mirando monitores de forma permanente ¿o sí? ¿Valdría la pena el riesgo? ¿Por ver bajo la falda de la bella Camelia? Pregunta estúpida: La respuesta era “sí”. Miguel se dobló escasos treinta grados y miró hacia arriba. Camelia no notó nada, pues estaba demasiado embobada viendo el ensayo de animadoras y tarareando las porras, en tono tan bajo y cálido que excitaba. Miguel volvió a erguirse, con un gesto equiparable al del dolor físico, y desviando miles de megavatios de electricidad a su mandíbula, dándole una mordida feroz al dorso de su mano. «Qué rico…» pensó, auto-confesión que solo lo puso peor.Camelia seguía tomando parte a ...
    ... distancia de las porras, en su tono deprimente. Sin poder resistirse, Miguel volvió a echar un vistazo al paraíso. Se saboreó. Se incorporó de nuevo, giró sobre sí y se pasó las manos por la cabeza. Entonces sacó su celular y tomó varias fotos de ese upskirt celestial que le estaba regalando la vida. Se pajearía con dichas capturas durante meses y las guardaría de por vida como el trofeo más lustroso de su anaquel de hombre, arrodillado de por vida ante la divinidad.Camelia volteó y como si una parte inconsciente de ella lo supiera, se pegó la falda a las piernas con la palma. La maniobra disuasiva de Miguel fue soltar el celular al piso, agacharse a recogerlo como si apenas llegara allá y obviamente, decir cualquier mamada antes de que ella pudiera razonar y sospechar.—Les vas a hacer falta y te van a sustituir —dijo, esforzándose por mantener la rectitud de la voz. Pero su truco no funcionó.—¿Qué estaba haciendo, profe? —preguntó ella, apretando aún más su falda.«Tomando fotos de tu colita para matarme a pajas, Camelia» pensó él. Pero no dijo nada.Camelia observó a Miguel evadiendo su responsabilidad en el mironeo, yendo de vuelta por los libros y carraspeando. El rostro de Camelia portaba media sonrisa, mil veces más maliciosa que la sonrisa completa. Lo que hizo a continuación fue, ahí subida en la silla, agarrarse la falda por los lados de la cadera y subírsela tanto como el ancho de una de sus manos. Lo hizo contoneándose y sin dejar de mirar a su maestro.
    
    —¡Corte! Muy ...