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La bibliotecaria y su secreto (2 - final)
Fecha: 11/06/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carloss, Fuente: CuentoRelatos
Por fin llegó el viernes. Tal y como habíamos quedado, María (que así se llamaba) y yo salimos juntos de la facultad en dirección al aparcamiento. Parecíamos verdaderos amantes que se esconden de las miradas de la gente y guardábamos las apariencias en cierto modo. Al llegar al coche no dudamos en besarnos y poner una sonrisa de oreja a oreja en señal de prueba superada. Ella temía que una relación de ese tipo pudiera perjudicarla en su trabajo, debido principalmente a la temporalidad de su contrato. Como en toda la semana llovía a mansalva y al llegar a su apartamento nos pusimos de nuevo perdidos de agua hasta las cejas. Eso no evitó que al dejar la puerta cerrada tras de sí, nos abrazáramos apasionadamente y empezáramos a besarnos. No tardamos en llegar al salón donde ella dio un respiro a la lujuria invitándome a sentarme en el sofá. Tomamos varias copas y nos reímos de nuestra aventura. Ella solía decir que estaba loca por haberme dado pie, pero yo le rebatía todos los argumentos diciéndole que cada día la veía más alegre y más guapa. En un momento de silencio, María me dijo que en caso de seguir adelante no dudara en parar si me sentía incómodo ya que le había dado más en mi primer encuentro de lo que esperaba. Tal y como me confesó, sus relaciones íntimas con su ex marido fueron algo rígidas y “distantes” y después de aquello no había tenido más contactos con hombres. De repente me encontraba incómodo por sus pensamientos y le repetía una y otra vez que cómo ...
... iba a sentirme incómodo con una mujer como ella. Suavicé la situación con un tierno beso en su mejilla y otro muy seguido en los labios. Ella me miró fijamente y levantándose me guio de la mano al dormitorio. Nos desvestimos de pie, muy despacio, disfrutando de nuestros cuerpos. Mientras me besaba el pecho yo acariciaba su cintura y mordía su cuello. Era muy bajita y rodearla con mis brazos me daba una extraña sensación de protección y posesión. La eché sobre la cama y la rodeé nuevamente con mis brazos. La luz era tenue pero lo suficiente para apreciar unos preciosos senos. Tal y como pude apreciar momentos antes, su volumen era enorme y eso hacía que cayeran hacia abajo sin disimulo, pero su forma redondeada daba un placer inmenso al tacto. Eran muy blancas y cálidas, dejando ver pequeños capilares alrededor de sus aureolas. Mordí uno de sus pezones mientras pellizcaba el otro y enseguida reaccionó sonoramente. Mientras su cuerpo se erizaba, ronroneaba de placer. Bajé hacia su ombligo y noté que se empezaba a vibrar. Sus latidos eran fuertes al apoyar mi mano en su pecho. Terminé en su frondoso bosque, rizado y oscuro en contraste con la piel suave y blanquecina de su cadera. Le besé la raja, le chupé los labios y posé mi boca en su parte superior. Ella respiraba fuertemente. Al instante noté una protuberancia exagerada en su vulva. Estaba claro que su clítoris era de un tamaño mayor del normal. Se asemejaba al de un garbanzo y el capuchón de piel que lo recubría se ...