1. Fany, la cornuda, capítulo 6


    Fecha: 11/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Homelander, Fuente: TodoRelatos

    ... no respondió más. Fany le miró despistadamente a través del mar de adolecentes entre ellos. Él miraba la clase atentamente, en un claro afán de dejarle claro que la ignoraba.
    
    Timbró la última clase. Fany esperó en su lugar y Mario pasó por un lado, ignorándole como ella esperaba. Luego Paulina, ella sí le miró en el último instante, Fany le esquivó la mirada, mejor que no se acobardara e intentara arreglar las cosas con ella sin Mario, o peor, que cogiera demasiado valor y quisiera arreglarlo todo con Mario y ella juntos.
    
    Esperó unos minutos hasta que creyó que era seguro. Cuando salió no les vio a ninguno de los 2 por ahí, simplemente le envió un último mensaje a Mario; que pensó sería divertido, y se fue a casa. Ya había empujado la ficha inicial de domino de esa fila, tocaba esperar si llegaba la fila hasta el final.
    
    Quizá sí era posible ser tan manipulador como esos protagonistas de anime.
    
    Paulina y Mario caminaban en silencio por la acera que bordeaba la escuela, dejando atrás el bullicio de la salida. El sol bajaba despacio entre los árboles, tiñendo el pavimento de sombras largas y cálidas. Iban cerca, pero no juntos. Ella con los brazos cruzados sobre el pecho, mirando al suelo como si las líneas del concreto pudieran darle alguna respuesta. Él, con las manos en los bolsillos, la vista al frente y los labios apretados.
    
    La caminata era incómoda, espesa. No solo por la ausencia de palabras, sino por todo lo que se acumulaba detrás de ellas, la tensión, ...
    ... los “malentendidos”, los secretos disfrazados de lealtad, las “medias verdades” que Fany sembró con precisión quirúrgica entre ambos y que cada vez les quedaban más dolorosamente claros. O eso creían. Ninguno lo decía en voz alta, pero los dos sabían que caminaban porque necesitaban llegar a ese lugar.
    
    El jardín estaba casi vacío a esa hora. Algunos niños más pequeños jugaban con sus mochilas bajo los árboles, pero nadie ocupaba el kiosco en el centro. Estaba justo como lo habían imaginado, habían estado un par de veces ahí con grupos de amigos, bebiendo a escondidas o simplemente grabando tik toks estúpidos, pero no era un lugar de encuentro habitual, por eso él propuso que ahí. Era una especie de santuario no dicho que no sobre utilizaban.
    
    Mario subió los escalones del kiosco con cierta torpeza y se dejó caer en una de las bancas de madera, apoyando los antebrazos sobre las piernas. Paulina dudó un momento, como si sentarse a su lado fuera aceptar algo que aún no terminaba de entender… pero finalmente lo hizo. A una prudente distancia. Ni muy cerca. Ni del todo lejos.
    
    Pasaron unos segundos, largos, donde el viento hacía más ruido que ellos. Mario miraba sus propias manos. Paulina observaba el piso de madera desgastada entre sus pies.
    
    Él pensaba en la bofetada que había recibido esa misma mañana, ¿alguien habrá visto?, de pronto se lo preguntaba y también si eso traería consecuencias, la gente siempre se aburre y chismea. Cachetada que recibió tras un comentario ...
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