1. Se Convirtió en la Puta de un Mendigo - Final


    Fecha: 12/06/2026, Categorías: No Consentido Autor: Perla Iglesias, Fuente: TodoRelatos

    ... Julieta lo vio con nuevos ojos.
    
    No era solo un mendigo. Era demasiado grande, demasiado ancho de hombros para ser un simple desecho humano. Las manos, aunque sucias, tenían una fuerza evidente. Y los ojos…
    
    Dios, los ojos.
    
    Esa mirada que la recorrió de arriba abajo, como si ya la conociera desnuda.
    
    Julieta se acercó, los tacones clavándose en el pavimento con cada paso. No le dio dinero esta vez.
    
    —¿Vos me violaste? —preguntó, la voz más firme de lo que esperaba.
    
    El aire se tensó. Un transeúnte pasó cerca, pero ninguno de los dos apartó la mirada.
    
    Josefino no se inmutó. No negó. No confirmó. Solo esbozó una sonrisa lenta, calculadora, mientras sus ojos bajaron hasta el escote del vestido rojo, donde los pezones endurecidos dibujaban su silueta contra la tela.
    
    —¿Y si te digo que sí, princesa? —respondió finalmente, la voz un susurro cargado de algo que sonaba peligrosamente a invitación—. ¿Qué vas a hacer?
    
    Julieta sintió cómo el calor volvía a extenderse entre sus piernas.
    
    Esa era la pregunta, ¿no?
    
    ¿Qué haría?
    
    El silencio de Julieta fue toda la respuesta que Josefino necesitó. Sus dedos se enredaron en su pelo rubio platino con un movimiento brusco, arrancándole un gemido ahogado que se perdió entre el bullicio de la calle. Nadie pareció notar cómo ese hombre sucio arrastraba a la joven bien vestida hacia la penumbra del edificio abandonado. O quizá sí lo notaron, pero decidieron no ver.
    
    —Te voy a dar lo que viniste a buscar —rugió contra ...
    ... su oído, la voz cargada de una certeza que hizo estremecer a Julieta. No era una amenaza. Era una promesa.
    
    El vestido rojo, tan cuidadosamente elegido esa mañana, se rasgó con un sonido obsceno cuando Josefino lo arrancó de su cuerpo con un solo tirón. La tela escarlata quedó colgando de sus hombros como una bandera derrotada antes de caer al suelo polvoriento. La tanga, mínima e inútil, siguió el mismo destino, destrozada entre sus dedos como si fuera papel.
    
    —¡Aaah! —Julieta gritó cuando una mano callosa se estrelló contra sus nalgas, dejando una marca roja que brillaba sobre su piel pálida. El dolor era agudo, eléctrico, pero lo que siguió después fue peor: un placer culpable que se enroscó en su vientre.
    
    "¿Solo las putas buscan violadores? ¿Tan puta soy?"
    
    Las preguntas retumbaban en su cabeza, pero se disiparon en el instante en que un dedo grueso y sucio se deslizó dentro de ella sin previo aviso.
    
    —Me encanta lo fácil que te mojas —murmuró Josefino, frotando ese punto interno que la hizo arquearse como un animal en celo.
    
    Esta vez, no hubo prisa. No hubo violencia descontrolada. Josefino la masturbó con una precisión cruel, sus dedos moviéndose dentro de ella mientras el pulgar dibujaba círculos perfectos sobre su clítoris. Julieta intentó morderse el labio para silenciar los gemidos, pero era inútil.
    
    —Mmm… ahí… justo ahí… —susurró, las piernas temblando, las manos aferrándose a los hombros de él como si fuera su único ancla a la realidad.
    
    Cuando el ...
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