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La pensión
Fecha: 13/06/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Karl058, Fuente: TodoRelatos
Hacía unos años que había enviudado y no tenía hijos, la casa era demasiado grande para ella sola y un día decidió que sería buena idea convertirla en pensión. Hacía unos meses que, a través de amigas, había conseguido los primeros clientes, la mayoría viajantes que estaban de paso y amigas de amigas que solo buscaban compañía. A través de una de ellas, lo que son las cosas, consiguió que los soldaditos se alojaran los fines de semana que tenían de permiso. El boca a boca es lo que tiene, si tienes la casa limpia y la comida es buena, unos se lo van diciendo a otros y la casa se llena. Como la cosa iba bien, hizo unas pequeñas obras para dividir el aseo para que hubiera dos y la habitación de matrimonio también pasó a ser doble. Así tenía ocho habitaciones y dos cuartos de baño, lo cual empezaba a producirle buenos beneficios. María no había cumplido los sesenta y estaba de muy buen ver. Su cuerpo podía ser la envidia de muchas mujeres y el deseo de muchos hombres. Tanto tiempo sin marido había hecho que las noches, que al principio las pasaba durmiendo, se convirtieran en anhelos eróticos nunca cumplidos. Soñaba con algunos inquilinos, que sin ser guapos, tenían buenos cuerpos, imaginando que entraban en su habitación y hacían el amor con ella de manera salvaje, a veces solos, a veces en parejas. Procuraba no gritar cuando tenía un orgasmo, pero necesitaba hacerlo. Cuando, alguna vez, coincidía que se quedaba sola, se iba a la habitación y se ponía la ropa ...
... interior erótica que tenía guardada: medias negras, zapatos de tacón, liguero rojo y sin sujetador, se miraba al espejo excitándose, acariciándose los pechos. Luego se acostaba para masturbarse cerrando los ojos y dejando la puerta abierta para que la excitación fuera mayor. Se imaginaba que entraba un hombre y se quedaba mirándola, ella lo desnudaba para que la penetrara hasta que se corría. Y cuando le llegaba el orgasmo, los gritos eran alaridos de placer, expulsando así toda la sexualidad contenida y, después de unos minutos se vestía y seguía con sus quehaceres que cada vez eran más. Esos juegos eróticos eran cada vez más frecuentes, y más de una vez se encontró con una mujer en la salita después de sus orgasmos, lo cual la ponía en una situación un tanto incómoda. Desde entonces procuraba cerrar la habitación, aunque así le costara más llegar al orgasmo. Fue un sábado por la noche cuando se volvió a quedar sola, pero esta vez, Mario, que era viajante, volvió antes de lo esperado porque había conducido todo el día sin parar y quería llegar a la pensión para acostarse pronto, aunque era más de medianoche. Entró en la salita para saludar a Elenita, la dueña, pero no la encontró. Mejor así porque de lo contrario tendría que haberse quedado a charlar un rato con ella. Cuando entró en su habitación oyó como espasmos de mujer lo cual lo alarmó. Pensó que alguien estaba sufriendo. Los gritos venían de la habitación de Elenita y fue con mucho sigilo porque no quería ser ...