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El Precio de las comisiones (II)
Fecha: 13/06/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
El Precio de las comisiones (II) Aún, lo tengo en la cabeza. Obviamente, no deseaba depender económicamente de nadie, ni siquiera de mis padres. Por ese motivo, decidí buscar un trabajo que pudiera compatibilizar con mis estudios. Buscar empleo no era tarea fácil, así que no me quedó otra que pedirle ayuda a mi padre, algo que era lo último que deseaba. Mi padre, me recomendó que, trabajara en algo que sin tener mucho que hacer, obtuviera beneficios, no un simple sueldo. O sea, algo como agente de seguros, o inmobiliarias que fuera por comisiones”. Viniéndome a la memoria, como viendo estos que, se estaban cansando de que se las mamara, estos cabrones me hicieron ponerme a cuatro patas junto a un sofá. El único mueble que había en todo el puñetero piso. Me dejaron a la vista, mis nalgas respingonas, ofreciéndose tersas y duras. Alberto, con una sonrisa lasciva, una vez más deseaba ser el primero. Se colocó un preservativo, su mirada clavada en mi trasero, y se puso detrás de mí. Acto seguido, escupió sobre mi ojete, un sonido húmedo y asqueroso, y comenzó a follarme con uno de sus dedos. Un gemido escapó de mis labios. Me escuché decir, mi voz ronca por la excitación y la sumisión. Exclame. ·“¡Fóllame... por favor... fóllame ya!”. Y sin dejarme acabar la frase, empezó a meterme su polla en mi orificio anal, siguiendo con penetraciones brutales. Jadeó con fuerza, cada empuje un gruñido. Exclamó. ·“¡Ah, sí, sí! ¡como que erres tan apretado! ¡Eres una ...
... puta delicia, maricón!”. Mis gemidos se mezclaban con los de Alberto, quien jadeaba con cada embestida. Diciéndome. ·“¡Así, putito, así! ¡que estrecho eres jodío! ¡Ah, sí!”. Sentí cómo se hundía hasta el fondo, el ardor inicial dando paso a una punzante, excitante plenitud. Su cadera golpeaba mis nalgas con cada estocada. Postura que Braulio aprovechó. Acercando su polla a mi boca, con un gruñido de satisfacción, comenzó a follarme la boca. Su verga se estrellaba contra mi garganta, y mis ojos se llenaron de lágrimas. Yo estaba tan excitadísimo que, a pesar del dolor inicial, empecé a masturbarme, mi mano deslizándose por mi pene. No tardé apenas unos minutos en correrme, obteniendo ese extraordinario placer que me hizo arquear la espalda y soltar un extraño sonido que, no era otra cosa que un suspiro de pura dicha, omitido por la polla de Braulio. Unas últimas gotas de semen perlado se deslizaron por mi muslo. ·“¡Aaahh... sííí... joder!” Fue Braulio quien, con un empujón de codo, le pidió a Alberto la 'B', recordándole que debía dejar fuerzas para ambos. Exclamándole. ·“¡Dale fuerte, pero no te corras aún, cabrón! ¡Este culo es para los dos!”. El recuerdo de esa escena fue cómo Braulio sacaba su polla de mi boca, viéndolo cómo se sentaba en el sofá, esperando seguro que me sentara encima. Y como una pitonisa. Tras un par de minutos, sacándome Alberto su polla de mi culo con un último empuje y un jadeo final. Me vi acto seguido subiéndome sobre sus ...