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El Precio de las comisiones (II)
Fecha: 13/06/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
... llamó, deseando que nos viéramos el sábado por la mañana en la oficina. Era algo que me extrañó, ya que no solemos trabajar los sábados, y algo me escamaba. Pensé que quizás se había enterado de algo, aun así, acabé aceptando. Me pasé toda la semana pensando en ello, pensamientos que afectaron a mis estudios, ya que no me dejaban concentrarme. Mis amigos, intrigados, no dejaban de preguntarme, y simplemente les contestaba. ·“Nada chicos, no os preocupéis, son cosas mías”. Cuando me presenté el sábado en la oficina, el cierre metálico estaba echado. Yo iba vestido de forma informal, como para una reunión de fin de semana: un pantalón corto deportivo que dejaba al descubierto mis piernas torneadas, una camiseta de algodón que se ajustaba a mi cuerpo, notándose levemente mi ginecomastia, calcetines deportivos, mis deportivas, y como prenda interior, mi ya conocido tanga deportivo. Llamé a José Manuel al móvil haciéndoselo saber, y minutos después, el cierre se levantó. Entré en la oficina, y este cierre metálico volvió a bajar, dejándome atrapado dentro de la oficina en su compañía. La reunión, en un principio, era para hacer cuentas, pero poco a poco él fue comportándose de manera extraña, ya que no dejaba de mirarme. Sus ojos, antes amables, ahora tenían un brillo lascivo que me puso nervioso. Su mirada se detuvo en mis muslos expuestos, en la curva de mis nalgas bajo la tela fina del pantalón, en mi ausencia de vello corporal. Acabó por preguntármelo ...
... directamente, su voz grave, sus ojos fijos en los míos, cargados de una anticipación que me erizó la piel. Exclamó. ·“Me han dicho que, para conseguir la venta, te has dejado follar por esos dos tíos. ¿Es verdad eso o no?”. Mi corazón dio un vuelco. Me sentí atrapado, mi ingenuidad chocando de golpe con la cruda realidad de sus palabras. Su mirada, escrutándome, no me dejaba escapar. José Manuel se levantó de su silla, rodeando el escritorio, sus ojos sin apartarse de los míos. Con una sonrisa torcida, que no presagiaba nada bueno, se detuvo frente a mí. Exclama. ·“Si es verdad esto, yo no he instruido a una maricona para que sea la puta de todos. Eso no da buena imagen a la compañía, y menos a mí”. Gruño, su voz bajó a un susurro ronco, casi un reproche, mientras su mirada recorría mi cuerpo de arriba abajo, deteniéndose especialmente en la protuberancia de mi pene bajo el pantalón corto. Soltando. ·“Pues, vas a tener que compensármelo a mí también, ya que yo conseguí la reunión. ¿No crees, putito? Un buen polvo para tu jefe por la comisión que te he dado, no es mal pago”. Su mano, grande y corpulenta, se deslizó desde mi hombro, recorriendo mi costado hasta mi nalga, acabando en mi muslo, apretando con una familiaridad que me dejó sin aliento. Exclamándome. ·“Vas a hacer que valga la pena, ¿verdad, perra?”. Dice, acabando. ·“Piensa que es una compensación obligada”. La mano de José Manuel se deslizó por mi muslo, ascendiendo lentamente por mi ...