1. Follada en el metro


    Fecha: 13/06/2026, Categorías: No Consentido Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos

    ... intensificaba, duro y constante, como un martillo golpeando sin pausa. Ariana sentía cada embestida como un fuego que la quemaba desde dentro, un dolor que se mezclaba con el placer y la arrastraba a un abismo del que no quería escapar. Sus uñas se clavaban en la piel del hombre, aferrándose a ese cuerpo que la dominaba y la protegía a la vez.
    
    El sudor perlaba sus frentes, sus respiraciones se volvían cortas y erráticas. Ella intentaba aferrarse a algo, a un pensamiento, a una razón, pero todo se disolvía en la vorágine de sensaciones. Solo quedaba la urgencia, el deseo que gritaba sin pedir permiso.
    
    De repente, la boca del hombre bajó a su cuello, dejando un rastro de besos ásperos, mordiscos que la hacían temblar y gemir más fuerte. Su voz, ronca y baja, susurró al oído de Ariana palabras que parecían ordenar y prometer al mismo tiempo, envolviéndola en un torbellino de emociones.
    
    Y cuando el orgasmo comenzó a recorrerla, con toda su fuerza y furia, Ariana sintió que su cuerpo se rendía por completo, que su mente se vaciaba dejando solo el temblor y el latido salvaje de su carne.
    
    Él también alcanzó el clímax con un gruñido profundo, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba antes de ceder por completo. Se derramó dentro de ella, caliente y urgente, mientras su peso caía sobre Ariana, aplastándola contra el colchón raído. Los latidos de sus corazones se mezclaban, acelerados y pesados, marcando el ritmo de aquella entrega absoluta.
    
    Por un ...
    ... momento, todo fue silencio, salvo por su respiración entrecortada y el eco de sus gemidos que aún vibraba en el aire. Ariana sentía cada gota, cada estremecimiento de aquel instante crudo y real, y aunque su cuerpo temblaba bajo él, una extraña calma la envolvía. Estaban juntos en esa intensidad brutal, en esa oscuridad compartida, sin nada más que importar.
    
    El hombre apoyó la frente contra su hombro, su aliento aún caliente, mientras sus manos apretaban suavemente las muñecas atadas. Ariana no dijo nada. Ni podía. El mundo se había reducido a ese rincón apartado, a ese colchón gastado, a ese momento en que sus cuerpos hablaban en un lenguaje que no necesitaba palabras.
    
    —— Mi pequeña puta, mía.
    
    Y cuando sintió sus dedos firmes apretando suavemente pero con autoridad la piel de su garganta, Ariana supo que aquello no sería un instante aislado. No. Era el inicio de algo que la marcaría, que la poseería en un sentido que nunca antes había conocido.
    
    Era suya, sin dudas, sin condiciones. Una pertenencia que quemaba más que cualquier otro vínculo, más intensa que cualquier palabra o promesa. Y, contra todo lo que pudiera pensar, eso la excitaba y la tranquilizaba al mismo tiempo.
    
    En esa mezcla de miedo y deseo, de entrega y poder, Ariana comprendió que estaba entrando en un juego mucho más profundo, donde los límites se desdibujaban y el control se repartía en silencio. Y, por primera vez en mucho tiempo, su cuerpo y su mente se rindieron sin ...
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