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Albast.Capítulo 25
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... curiosidad. Nunca había visto una por dentro. Parecía un armario con las paredes de plástico gruesas y una bombilla en una esquina. En algún sitio de la casa debía haber un generador. Echó un vistazo en los cajones sin encontrar nada de interés y volvió al salón. Se recostó en el sofá, encendió un cigarrillo y observó el mar, meditabundo. Había dedicado varios días a investigar al americano. Un tal Douglas Caterham. Un chico de buena familia. Graduado de la Ivy league. Su primer destino había sido la embajada de Berlín en Expedición de Visados. Un buen lugar para irse curtiendo y hacer contactos. Sus hombres lo habían seguido durante quince días sin detectar nada sospechoso. Se había dedicado a lo mismo que cualquier joven de clase alta en su lugar, beber, divertirse y buscar chicas. Los agentes habían sido lo suficientemente puntillosos como para llevar un diario de sus movimientos. Lo leyó de pe a pa, sin sacar nada en limpio. Si era un agente enemigo, era sumamente cauteloso. A pesar de todo, cuando se enteró de que los Werner tenían una cabaña en aquel remoto lugar, decidió acercarse. Su instinto le decía que aquel hombre no era tan inocente como parecía. Las olas estaban empezando a batir con fuerza y la luna desapareció entre gruesos nubarrones. Le esperaba un complicado viaje de vuelta por aquel camino arenoso, lleno de baches y hondonadas. A punto estuvo de irse. Le dio la última calada al cigarrillo y se levantó. Instintivamente buscó un cenicero. Si había algo ...
... que odiaba, era las colillas consumiéndose y humeando en el suelo. Lo encontró en una esquina; un cenicero de pie que habían apartado y puesto debajo de una planta. Apartó las hojas de la costilla de Adán y lanzó la colilla. De no haber errado no se hubiese dado cuenta. Gerhard se agachó a recoger la colilla y esta vez se acercó para asegurarse que caía dentro del cenicero. Entonces la vio. Los encargados de la limpieza no habían reparado en el cenicero y en el fondo había una colilla. La sacó y la observó con detenimiento. Era un Lucky, no cabía duda. No es que no fuese imposible conseguirlos y menos en la época en la que podría haberse producido el contacto, pero aquel pequeño detalle le animó a continuar. Con la lluvia repiqueteando en los ventanales, encendió la linterna y registró el edificio con más atención. Esta vez no pasó nada por alto. Subió las escaleras y se encontró un pasillo con varias habitaciones. La mayoría de las habitaciones eran estancias de proporciones regulares, casi todas iguales, amuebladas de forma sencilla, pero funcional. Al fondo, el pasillo doblaba a la derecha y llevaba a una segunda ala. En ella, en vez de pasillo había una especie de recibidor que daba a tres habitaciones. Estas eran más grandes. Una de ellas, amueblada con gruesa madera de ébano y con una biblioteca que ocupaba todo el lateral del suelo al techo. La segunda era evidentemente la habitación de una joven, decorada de manera más sencilla, pero con más gusto. Aquella ...