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Amantes en un motel
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Gays Autor: Doc_cl, Fuente: CuentoRelatos
Entramos apresuradamente al motel, tanto porque amenazaba una lluvia como la urgencia que nos empujaba a estar juntos. Una campanilla ruidosa y chillona anunció que llegábamos. Un hombre viejo nos recibió desde detrás de una vidriera. Con voz apagada y algo somnoliento nos informó –Se paga por adelantado, por veinticuatro horas–. Pagamos y volvió a decirnos –Cabaña 24, al fondo, en la luz verde… –Nos entregó una llave atada a una tabla lo suficientemente grande como para no llevársela al irse los clientes. Hasta allí nos dirigimos. La ansiedad hacía presa de nosotros. Estacionamos el auto y abrimos la preciosa puerta labrada; una película porno muy mala se exhibía en un televisor viejo. Entramos, y no bien estábamos en la habitación saltamos el uno a los brazos del otro, besándonos apasionadamente, nuestras lenguas se enrollaron una con la otra. Me besó ávidamente la cara, el cuello. Sus manos (y la mías) exploraron desde la espalda hasta alcanzar nuestros traseros, escarbando en los pantalones nuestras nalgas en busca de nuestros orificios. Metimos nuestras manos en los genitales cuando ya las erecciones eran manifiestas, nos manoseamos nuestras durezas. Mi corazón galopaba alocadamente. Nuestras camisas fueron las primeras en salir volando a cualquier parte. Caímos a la gran cama y allí nuestros cuerpos estuvieron en más libertad para tocarnos todo. Soltamos los cinturones de nuestros pantalones y las manos resbalaron bajo ellas para dar con la piel y el calor que ...
... transmitía. Sentí que envolvía mi pene en su mano y me lo acarició moviéndolo de adelante-atrás, masturbándome. Se me escapó un gemido al sentir su mano en mi pene y un gruñido de su parte. Lo seguí. Su pene, duro y grueso, estaba húmedo con líquido seminal cubriendo todo su glande; acompasé los movimientos que me hacía con los míos. –Por favor –exclamé con voz deseosa– ¡Chúpamelo! –¡Tú a mí! —me respondió, tragó saliva– ¡Juntos!, tú a mí, yo a ti… Terminamos de desvestirnos, hasta quedar completamente desnudos. Nos acomodamos sobre la cama e invertimos nuestras posiciones. Tomé sus abundantes genitales entre mis manos y los acaricié; otro tanto hizo él con mis conservadores atributos. Sentí la calidez húmeda de su boca envolviendo mi glande entre sus labios, y luego, sin avisar, tomándome casi por sorpresa, metió en su boca toda la extensión de mi falo haciéndome gimotear de placer. Decidí seguirlo, lamí su glande humedecido, sentí el sabor y densidad del líquido que estaba en la cabezuela de su magnífica verga. Abrí mucho mi alocada boca y lo fui hundiendo. Era un pene grueso, tuve que abrir mucho mi boca, llegó hasta mi úvula y aún quedaba mucho por tragar. Empujé para adentrarlo más. Un acceso de arcada me invadió. Y solo llegué hasta ahí. Rítmicamente empecé a sacarlo y meterlo. Creo que lo hacía bien, sus suspiros parecían corroborarlo: –¡No, no… para… para… me harás acabar… lo chupas demasiado rico!! —si él tenía una respetable verga, mi ágil boca subsanaba ...