1. Amantes en un motel


    Fecha: 15/06/2026, Categorías: Gays Autor: Doc_cl, Fuente: CuentoRelatos

    ... las carencias de tamaño de mis genitales. Efectivamente me detuve y nos reacomodamos uno junto al otro, besándonos apasionadamente, tocándonos sin restricciones todo lo que estaba a nuestro alcance…
    
    Sus manos, deliciosamente intrusas, recorrían mi espalda hasta mi culo, volvía a mi pecho, deteniéndose brevemente en mis tetillas, las que además chupaba con fuerza casi salvaje, haciéndome doler un poco, pero yo no podía (ni quería) que suavizara sus maniobras. Yo, simplemente de espaldas, estaba aferrado a dos manos a su pene enhiesto, duro y caliente. El tocarlo a mi regalado gusto me era suficiente. Despertaba toda mi desatada lujuria. (“¡Un pico… oh!,… Un pico” retumbaba en mi febril mente).
    
    Empezó una seguidilla de besos intensos y otros más sutiles a lo largo de mi tórax, vientre y mi paño de pelos púbicos, que también tironeó entre sus labios y dientes, hasta llegar nuevamente a mi pene que latía alegremente por esta nueva visita: se lo tragó todo, lo sumió hasta casi mi saco escrotal. Me empezó a masturbar con su boca, eso me hacía casi perder la razón de deseo y pasión.
    
    (“¡Un pico… oh!,… Un pico” retumbaba en mi febril mente).
    
    Mientras me felaba, un intruso dedo empezó a explorar mi periné, iba y venía acariciando cada pliegue… y avanzó hacia atrás, para encontrarse con mi palpitante ano, tocándolo delicadamente, en cada arruga y a una estrecha entrada en donde presionó ligeramente, me acarició mi parte más secreta. Atrevidamente avanzó hacia el interior ...
    ... un poco más decididamente. Sentí que la resistencia de mi agujero se imponía inútilmente a este progreso a mis entrañas.
    
    Súbitamente detuvo todas sus inquietantes maniobras. Se enderezó y me tomó de las caderas girándome gentilmente para dejarme bocabajo. Se puso a mi lado, nos besamos con fuerza mientras estiraba su mano a mi culo y metía sus dedos en mi partidura buscando mi intranquilo ano, el que encontró en seguida alegrándose este último desvergonzadamente pues empezó a palpitar.
    
    Nos besamos varias veces (muchas), e incorporándose para quedar de rodillas, con besos y besitos empezó a explorar el dorso de mi cuello, mis omóplatos, los costados de mi espalda para detenerse en mi flancos, lengüeteó y mordió suavemente mis caderas y mi espalda baja. Nada más erotizante, me sentía casi estallar de deseo, me sentía tiritar de excitación y mi pelvis se movía sola.
    
    Me separó las piernas exponiendo toda mi partidura además de mi enloquecido ano. Se puso de rodillas detrás de mí entre mis piernas. Me besó cada nalga, me las separaba y alcanzaba mi agujero con esos desesperantes besos, para bajar y lamer mi escroto hinchado, arrancando suspiros cada vez que sus labios tocaban mi orificio.
    
    Hasta que se detuvo en mi entrada…
    
    … y su lengua me mojó el agujero…
    
    La sentí cálida, intrusa, pugnaba por entrar allí, a mi calidez corporal; sus lamidas eran como besos apasionados, de esos que se dan en la boca excitada, calientes, obscenos, su entrometida lengua me mojaba ...