1. Valeria, abusada por su mascota. II. Sumisa


    Fecha: 16/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Zoofilia Autor: dorema, Fuente: SexoSinTabues30

    ... gruñendo. La impotencia venció mi terror.
    
    Al momento que hable, me arrepentí. Aún así, como si me hubiera entendido, retrocedió. Con una mano en mi vagina y la otra en su verga, solo tuve que frotarla con mis labios superiores para que el retornará a sus movimientos pélvicos. Y así, entró dentro mío… otra vez.
    
    Cuando sentí ese pedazo carne enorme ingresando en mi, solo pude tensar mi cuello, enfocándome en el techo. Dentro de mi campo visual estaba Roco, que dejó de gruñir y jadeaba, también flexionando su cuello hacia arriba.
    
    A él no le importaba ir de a poco, ni yo podía abstraerme de las sensaciones. En la primer estocada ya intentó meter todo su pene y continuó sacando y metiéndolo, solo preocupado por su placer. Esa carne crecía dentro mío, o sus estocadas eran cada vez más penetrantes.
    
    Entonces, sentí como mi top deportivo me molestaba. Estaba empapado de transpiración y agua de lluvia, por eso estaba frío, helado. Rápidamente entendí, mi cuerpo estaba más caliente, hirviendo y hacía parecer ese frío como el ártico.
    
    Sin poder controlarlo tuve un orgasmo fuerte, que me hizo flexionar el abdomen. “No, por favor” pensé… o lo dije, no recuerdo, solo que fue un segundo antes de sentir el hormigueo proveniente de mi útero. No puedo negar que sentía placer al mismo nivel que vergüenza y asco, ya no más miedo. Aunque su enorme cuerpo seguía siendo imponente, instintivamente lo abracé despacio. Mis manos estaban apoyadas en el pelaje corto y suave de la cruza ...
    ... doberman/gran danés.
    
    El segundo orgasmo fue un puñado de penetraciones después, igual de fuerte. Aquí fue donde empecé a llorar porque, a la vez que sentía la explosión dentro mío, gemí. Despacio, sin quererlo, con miedo a su reacción. Las lágrimas de frustración e impotencia por haber perdido el control de todo me desbordaban. La situación, la posición, mi cuerpo, perdí todo el control ante un perro.
    
    El continuó su apareamiento y mi cuerpo reaccionaba retorciéndose con cada orgasmo. Mi voz baja gemía y sollozaba, aunque los orgasmos me hacían elevar mi tono de gemido, hasta volver a la tímida queja. Enfoqué mi mirada en Roco, que al bajar su hocico me dio una cachetada con el hedor y la saliva que disparó de su boca, directa a mi rostro.
    
    El cansancio en todos mis músculos tenía sus consecuencias. Mi espalda baja comenzó a doler, por lo que levanté mi pelvis un poco más, así la desestresaba. Ese movimiento le permitió entrar más cómodamente en mi vagina, sus penetraciones fueron más profundas que, a la altura de mi ombligo, sentí como su verga me invadía, como chocaba. Tuve esas sensaciones hasta que algo se ampliaba dentro mío, su líquido seminal me invadía, pero no paraba de penetrarme.
    
    Ya era la segunda vez que sentía esta presión dentro mío, que me hacía pensar que nada más podría entrar. A este punto, no tengo que aclarar que los orgasmos me superaban, incluso las tensiones de mis músculos con cada uno de ellos se transformó en calambres.
    
    Continuaba, más ...