-
LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... padres sudorosos y niños hiperactivos con camisetas de clase firmadas con rotulador permanente. Marian. Imposible no verla. Su piel blanca resplandecía bajo el sol como un queso brie de diseño. Rubia, radiante, con ese vestido estampado que insinuaba curvas generosas sin disculpas. Caminaba rápido, como si fuera tarde aunque no lo fuera. Una costumbre emocional más que un reflejo. Cuando sus ojos se cruzaron, hubo una pausa. Una de esas pausas en las que ni el tiempo ni el sudor saben bien qué hacer. —Vaya, César. Sigues con vida. Y con camiseta limpia. Un milagro de fin de curso —dijo ella, ya con media sonrisa preparada. —Me he afeitado para la ocasión. No quería parecer ese padre divorciado que lanza indirectas por WhatsApp y vive entre cables USB —respondió él, señalando el banco—. ¿Te sientas o prefieres mantener el metro y medio protocolario? Marian se rio y se sentó. Cruzó las piernas con elegancia y resignación. —¿Te has dado cuenta de que cada fin de curso huele a protector solar, lágrimas contenidas y desorganización institucional? —Y a zumo de naranja fermentado en mochilas desde abril —añadió César, aspirando teatralmente el aire—. Pura esencia de infancia. Un silencio cómodo, salpicado de risas infantiles y Eduardo gritando “¡Rubén, suelta la piedra!”. Luego, Marian habló con un tono más suave. —Pensé que me iba a dar un ataque de nostalgia al verte. Pero estoy bien. De verdad. Me hacía falta cerrar esa puerta con aire acondicionado y ...
... sin drama. —Yo también estoy bien. Más ligero. O menos lleno de fantasmas. No sé. He sacado cosas de la mochila. Algunas simbólicas. Otras eran simplemente envoltorios de barritas energéticas. Marian sonrió, bajando la mirada. —¿Sabes? A veces me acuerdo de ti cuando paso por la estantería del súper donde venden aceite de almendras. —¿Por el tema de la piel? —No. Por… bueno, digamos que me hiciste descubrir nuevos usos como… —Hizo una pausa perfecta, irónica y elegante—. Y nuevas partes de mí que no sabían que podían... negociar. César tosió en su refresco como si se hubiera atragantado con una burbuja de recuerdo. —Me siento halagado. Nunca pensé que acabaría en una categoría tan... especializada. —No todo el mundo puede decir que fue pionero en territorio virgen —añadió ella con una guiño. Ambos estallaron en una risa sincera, absurda, necesaria. —A pesar de todo, te tengo cariño, César. Fuiste importante. Intenso. Algo caótico. Como el capítulo especial de una serie que no sabías si era canon o un experimento narrativo. —Yo también siento un afecto especial por ti, Marian. Me alegro de que no doliera. De que podamos sentarnos aquí sin que se rompa nada. —Supongo que a veces uno no deja a la persona, sino a todo lo que no puede cargar con ella. César asintió. Esa frase le quedó dando vueltas. —Teníamos demasiadas mochilas y poco suelo firme. A ratos parecía que hacíamos equilibrio en un columpio. Bonito… pero inestable. —Y sin red ...