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LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... —añadió ella, con una sonrisa suave. Lucas tropezó cerca de ellos y lanzó al aire un paquete de zumo. Ninguno de los dos se inmutó. El timbre del colegio sonó como un despertador en mitad de una siesta veraniega. Ambos se levantaron sin prisas. —¿Nos abrazamos o nos damos la mano como dos desconocidos que han comparten demasiado pasado? —Un abrazo sueco, formal, blanco y silencioso. Sin consecuencias legales. Se abrazaron. Un poco más largo de lo necesario. Cálido. Tierno. Con olor a protector solar e historias bien digeridas Abril salió del clase, riendo y exclamando por su madre, y Marian saludó. —Nos vemos en septiembre —dijo ella, caminando hacia la su hija. —Sí. O cuando el aceite de almendras vuelva a estar de oferta. Ella sonrió, tapándose la boca, y se despidió agitando la mano. -¡Intenta no estar con otra madre del cole para entonces! —Lo intentaré. Pero mi historial de decisiones sentimentales no juega a mi favor. No supo si había llegado a escucharle, porque madre e hija se fundieron un abrazo con la efusividad infantil que solo puede darse cuando hay por delante un largo verano. César se quedó solo en el banco. Mirando a lo lejos. Con la sensación de que, aunque no siempre se podía escribir un final feliz para todas las historias, al menos habían logrado un final amable. Y a veces con eso era suficiente. *** Cristina llegó al banco del patio del colegio con la mochila colgando de un solo hombro, el sol de la tarde colándose ...
... entre los árboles y pintando manchas doradas en el suelo. Allí estaba César, todavía sentado, con una sonrisa torpe que parecía sacada de un anuncio de dentífrico. Se miraron un instante que duró un poco más de lo esperado, esa mezcla rara de recuerdos, rencores dormidos y una pizca de “¿qué demonios hacemos aquí?” —No esperaba verte —dijo Cristina, sentándose con cuidado, como si el banco fuera un trono que aún no estaba segura de compartir. —Claro, el mundo es un poco más pequeño que mi lista de excusas para llegar tarde a la tienda —respondió él, rascándose la nuca, como si estuviera inventando sobre la marcha—. Este colegio… bueno, es como una dimensión paralela donde los niños mandan y los padres sobreviven a base de café y mala leche. Cristina soltó una media sonrisa, la misma que usaba para cuando quería parecer dura pero un poco desgastada. —Pensé que te odiaría más —dijo, como si confesara un secreto—. Pero, ¿sabes qué? Creo que hay heridas que solo dejan cicatrices, no rencores. Eso, o la resaca emocional dura menos de lo que pensaba. —Yo tampoco guardo rencores —dijo César, mirando al suelo con la seriedad de quien intenta recordar si cerró la tienda ayer—. Solo me queda la sensación de que lo nuestro fue bonito… y también un poco como tratar de desmontar un reactor nuclear con las instrucciones solo en ruso. Cristina rio bajito, mirando a los niños que corrían por el patio, todos ellos mini tiranos con mochilas gigantes. —Lo nuestro era como ...