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LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... pecho. O, mejor dicho, tenía el mínimo imprescindible para colarse en una camiseta sin sujetador y no incomodar al mundo. Pero César se los besó con cuidado. Como si fueran la parte más exquisita del menú. Pero fue cuando la colocó contra la encimera, de espaldas, que todo se volvió más crudo. Porque ahí estaba ese culo. Suave, tenso, perfecto. César no dijo nada. Solo lo tocó. Con ambas manos. Como quien vuelve a una obra de arte que nunca entendió del todo, pero que le sigue obsesionando. —Sabes que esto debería estar prohibido, ¿no? —susurró él. —¿Qué? ¿Meterme mano? ¿En mi propia cocina? —No. Tener un culo así y ocultarlo bajo vaqueros de madre. —Te jodes —dijo ella, arqueando la espalda—. No se lo enseño a cualquiera. Y no mentía. El primer contacto fue húmedo, directo. Lengua entre las nalgas, dedos que rozaban lo justo, presión y caricias mezcladas. Inés gimió entre dientes. No era suave. No era dulce. Pero era justo lo que le rompía las costuras de su lógica. —¿Vas a hacerlo? —preguntó, sin moverse. —Si me dejas —respondió él, con la voz grave. —Hazlo bien —dijo ella, girando un poco la cabeza—. O te echo de casa y me atiborro de infusiones. Inés se apoyó con firmeza sobre la encimera, notando cómo cada centímetro de su piel vibraba al contacto de César. Él, con manos expertas, comenzó a acariciar su piel, deslizándose lentamente hacia ese lugar prohibido, donde la tensión entre dolor y placer se mezclaba en un fuego ...
... exquisito. —¿Lista para que te descontrole un poco? —susurró él con una sonrisa que se sentía en la nuca. —Más que lista —respondió ella, arqueando la espalda y ofreciendo sin reservas su mejor curva. *** La entrada fue delicada, casi ceremoniosa, como un ritual que solo ellos entendían. Cada movimiento era un diálogo sin palabras, un tira y afloja de sensaciones que la hacía temblar. —No te prometo suavidad, pero sí intensidad —advirtió César, mientras sus caderas comenzaban un vaivén pausado, midiendo cada embestida. Inés mordió su labio inferior, atrapando un gemido entre dientes. El leve escozor que sentía se transformaba en un latido profundo, encendiendo su deseo y derribando sus barreras de control. —Si me haces daño, te devuelvo la jugada con intereses —dijo, medio en broma, medio en desafío. —Es un trato —contestó él, acelerando el ritmo con precisión, dibujando curvas en su cuerpo que solo el tiempo y la confianza podían permitir. El dolor era vívido y autentico. Pequeño al principio. Como un escozor cálido. Pero crecía, mezclado con el placer que le recorría el vientre, duro, punzante, húmedo. Su clítoris pulsaba solo con la presión, y el movimiento cadencioso que César le imprimía a sus caderas la llevaba a un borde más sucio que cualquiera de sus pensamientos. —¿Sigues ahí? —preguntó él, apretando con más fuerza. —Sigo… y no pares. —Eres tan perfecta que hasta esto te sale impecable. —Si me vuelves a llamar perfecta, te ...