1. LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... he perfumado con tus expectativas —respondió él, levantando una ceja.
    
    Cristina sonrió con una de esas bocas que no besan: desafían.
    
    —Pues prepárate. Hoy vengo con hambre y sin filtro. Bueno, como siempre.
    
    Sin más preámbulos, se subió a la cama. Lo montó como quien se sube a una Harley: con la seguridad de quien ha hecho esto más veces de las que se ha arrepentido.
    
    Se besaron con furia, con la lengua como arma y los dientes como advertencia. Las manos de ella eran rápidas, eficaces, tácticas. Desabrochó, bajó, apretó, midió. Cada centímetro que tocaba parecía una promesa que pensaba romper inmediatamente después.
    
    —¿Te gusta que te mande, no? —le dijo mientras le agarraba del pelo y le mordía el cuello—. Dímelo. Venga. No te hagas el modesto.
    
    —Me pones más nervioso que la agencia tributaria... —respondió él entre jadeos.
    
    —Perfecto. Yo soy más implacable. Y no acepto aplazamientos.
    
    Ya estaba sobre él, dándole la espalda. Tiró de sus vaqueros hacia abajo, dejando ver un tatuaje en la parte baja de la espalda que decía "Born to be wild" con tipografía de carretera americana. Él se detuvo a mirarlo.
    
    —¿Ese tatuaje es nuevo?
    
    —¿Te importa? ¿Vas a invocarlo o vas a hacer tu trabajo?
    
    Cristina no daba tregua. Se posicionó con la naturalidad de quien ha leído muchos manuales y ha quemado todos. Gestionó la situación como si fuera la directora de una película que también quería protagonizar.
    
    El primer empuje dentro de su coño fue lento. Luego, el ...
    ... ritmo se volvió intenso. Ella gemía sin pudor, con palabras sueltas que parecían más una amenaza que un suspiro:
    
    —Así… sí. ¡Eso! ¿Ves? Hoy casi pareces un hombre.
    
    —¿Casi?
    
    —No te emociones, que todavía no te he aplaudido.
    
    La habitación se llenó de golpes de cadera, frases sucias y carcajadas entrecortadas. Cristina se movía como si quisiera hacerle olvidar a todas las mujeres anteriores. Y posiblemente a algunas futuras también.
    
    ***
    
    Cristina se arqueó con una lentitud medida, como si conociera la música exacta que tocaba con cada vértebra de su espalda. El primer contacto, la presión inicial de la polla de César en su culo, todavía diminuto, le hizo cerrar los ojos y fruncir el ceño. No de rechazo, sino de ese tipo de dolor que solo existe porque el placer está acechando muy cerca, justo detrás, como una sombra caliente.
    
    —Despacio, cabronazo… —susurró entre dientes, pero sin apartarse ni un milímetro.
    
    Él obedeció. Cristina, a pesar de su coraza de acero, era un templo de carne viva y arrogancia desnuda. Y él sentía que, si respiraba de la forma incorrecta, podría hacerla estallar… o rendirse. Pero no hoy. Empujó. Fuerte. Firme. Lento. Pero sin misericordia.
    
    Ella apretó las sábanas con fuerza mientras sentía cómo la invadía el fuego lento que empezaba entre sus caderas y le subía por la columna. La sensación en su culo era contradictoria. Como morder un chicle habanero con la lengua ardiendo y querer más. Como la frontera exacta entre el grito y el ...
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