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Noche de pileta con mi sobrino
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... Te voy a acabar toda encima… —anunció. El primer chorro caliente me explotó en la mejilla y en los labios, mezclándose con la saliva que tenía en la boca. El segundo y el tercero fueron todavía más fuertes, manchándome la frente, el mentón, la punta de la nariz. Me quedé quieta, con los ojos brillando, sintiendo el calor de su semen deslizándose lentamente por mi piel. —Mirá cómo te queda… —dijo, con una sonrisa salvaje—. Siempre estás hermosa. Pero así, bañadita con mi leche… estás perfecta. Sos un sueño. Pasé la lengua por mis labios, probando el sabor salado y denso. —Estás enfermo —dije, aunque mi voz sonaba más excitada que enojada. Me levanté despacio, con el semen chorreando, caliente, sobre mi piel. Sentía el aire fresco del jardín pegándose en mi cara húmeda. Fui hasta el lavadero que está afuera, cerca de la pileta, y abrí la canilla. El agua fría golpeó mis manos primero, y luego la usé para limpiarme el rostro, mientras sentía la respiración pesada de Enzo detrás mío. —No te limpies tanto… estabas hermosa así —dijo, con un tono que me hizo sonreír a pesar mío. Cuando me di vuelta, él estaba agachado, con esa mirada voraz. —Ahora me toca a mí… —susurró. Sus manos agarraron mi cintura y, con un movimiento rápido, bajó la bikini. El aire fresco golpeó mi sexo húmedo, haciéndome temblar. —¿Qué hacés? —le dije, pero mi voz era más de deseo que de protesta. —Shhh… —fue lo único que respondió. Me giró de espaldas, ...
... haciéndome apoyar las manos contra el borde del lavadero. Sus labios, calientes y húmedos, se posaron primero en uno de mis glúteos, besándolo, mordiéndolo. Sentí cómo su lengua se hundía lentamente, lamiendo el surco entre mis nalgas, hasta llegar al punto más íntimo. —Ah… —se me escapó un gemido suave cuando me dio un beso negro profundo, succionando y jugando con su lengua de una manera tan sucia como deliciosa. Me arqueé involuntariamente, abriendo más las piernas para darle acceso. —Dios… Enzo… —susurré, sin poder controlarme. Él se rio, con la boca todavía ahí. —Te gusta, ¿eh? No sabés las ganas que tenía de comerte el orto. Sus dientes se clavaron suave en uno de mis glúteos, dándome un mordisco juguetón pero firme. —¡Ay! —grité bajito, pero el dolor se mezcló con placer. Luego volvió a lamer, alternando entre el beso negro y chupar suavemente mis labios vaginales desde atrás. La sensación era tan intensa que me tuve que aferrar al lavadero para no perder el equilibrio. —Sos una puta exquisita… —murmuró contra mi piel. Sentí su lengua mojada, atrevida, explorando cada rincón, mientras sus manos enormes apretaban mis caderas como si quisiera marcarme. No podía más. Mi respiración estaba descontrolada, el corazón me latía como loco. No supe en qué momento pasó de lamerme a tomarme por completo. Estaba apoyada contra el lavadero, con las manos aferradas a la superficie fría, cuando sentí cómo sus dedos fuertes se metían entre mis ...