1. Noche de pileta con mi sobrino


    Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    Relato 6
    
    Noche de pileta con mi sobrino
    
    A la noche no hice el amor con Fabricio. Él tenía ganas, pero yo acudí al viejo pero eficaz dolor de cabeza. Después, cerca de la medianoche, me levanté de la cama.
    
    —¿Vas a nadar? —me preguntó, medio somnoliento.
    
    Lo miré desde la puerta del baño, sintiendo un golpe de culpa que no me alcanzó a frenar.
    
    —Sí —le dije, sin dar más explicaciones.
    
    Abrí el cajón y busqué el bikini más provocador que tenía. Era negro, diminuto, con un corpiño triangular que apenas cubría mis pezones y una bombacha tipo hilo dental que se perdía entre mis nalgas. Me lo puse, ajustando las tiras frente al espejo, viéndome como una muñeca peligrosa.
    
    —Estás divina —dijo Fabricio, apoyado sobre un codo, mirándome con esa sonrisa tranquila.
    
    —¿Querés venir? —le pregunté.
    
    Por dentro deseaba que me dijera que sí, que me acompañara, que me salvara de lo que estaba a punto de pasar.
    
    —No, andá tranquila. Yo estoy bien así.
    
    Sonreí como pude, tratando de mostrarme normal. Igual tenía tiempo de quedarme en la cama con él y listo. No es que porque no me acompañara a la pileta estuviera condenado a ser un cornudo. Pero igual no me quedé.
    
    Giré frente al espejo para ver cómo el bikini se amoldaba a mi cuerpo. Mis tetas, aunque pequeñas, se veían firmes, con los pezones marcados. Mi culo, ese que tanto miraban todos, parecía más grande de lo normal con esa tanga ínfima. Me até el pelo en una cola alta y me miré una última vez: estaba ...
    ... lista.
    
    Agarré una toalla grande y salí del dormitorio.
    
    Pasé por el living oscuro, por la cocina apenas iluminada por la luz del microondas. Pensé en Enzo, en su invitación de esa tarde, en cómo me había bajado la tanga sin que me resistiera, mientras Fabricio, pobre cornudo, daba clases de literatura creativa a sus alumnos.
    
    Me dije que el hecho de que él me dijera que me esperaba en la pileta a la noche no era motivo para entregarme a él. Era cierto que, de alguna manera, ya estaba todo dicho. Me había besado, me había manoseado, me había robado la tanga en las narices de mi novio… Pero no tenía por qué cogérmelo, ¿no?
    
    Salí al patio.
    
    La pileta estaba quieta, brillando apenas con el reflejo de las luces del jardín. Un viento fresco me recorrió el cuerpo, erizando mi piel. No lo vi. Enzo no estaba.
    
    Por un momento lo tomé como una señal. ¿Sería eso lo que debía pasar? ¿Estaba el destino diciéndome que no cruzara la línea?
    
    Pero una voz me sobresaltó.
    
    —Qué linda estás.
    
    Di un pequeño gritito y giré.
    
    Enzo estaba ahí, a un costado, bajo la galería.
    
    —¡Boludo, qué hacés ahí escondido!
    
    —No estaba escondido, tía. Estaba fumando —dijo, levantando el cigarrillo que tenía entre los dedos.
    
    Largó el humo por la boca, despacio, con esa pose de chico malo que le quedaba tan natural.
    
    —No sabía que fumabas —dije, acercándome apenas.
    
    —De pibe fumaba siempre. A las minas siempre les gustó eso, no sé por qué. Pero después lo dejé… este cuerpito no se mantiene fácil, ...
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