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La fiesta de Zara
Fecha: 24/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... riendo, como cuando era feliz con él, pero ahora para otro. Cuando Adolfo bajó la mano más de la cuenta y la mano de ella descansó cómoda sobre la nuca del jefe, Javier se acercó. La tocó en el brazo, con un gesto torpe, casi implorante. —Zara, por favor ven —dijo, intentando no alzar la voz. Ella giró la cara, seca, con los ojos visiblemente vidriosos, efecto del alcohol. —¿Qué quieres? —¿No ves cómo bailas? —le susurró, consciente de las miradas. Zara sonrió, ladeando la cabeza. — Si no te gusta, te puedes ir. Esto mientras Adolfo endosaba una sonriza burlona Y eso hizo. A cuadros giró, cogió su chaqueta del guardarropa y salió al aire frío de la noche. Ni una palabra más. Ni un mensaje de ella. Caminó varias cuadras hasta que cansado se sentó en un banco donde miró a su alrededor. Allí vio a una pareja caminando, a una señora paseando a un perro, a un vendedor ambulante cruzando la calle y fue cuando lo entendió, la vida continuaba ajena a todo. Tras la reflexión llamó a un amigo para saber si podía pasar la noche allí. El sofá del amigo No volvió a casa, en su lugar fue donde Karim, un amigo de la universidad, que vivía solo en un pequeño piso cerca del puerto. Karim abrió la puerta en camiseta y pantalones cortos. Lo dejó pasar sin preguntas, con esa complicidad silenciosa que sólo tienen los amigos que alguna vez compartieron noches de estudio y sueños de grandeza. Javier se sentó en el sofá, se quitó los zapatos y miró el techo, ...
... sin encontrar ninguna forma en la mancha de humedad. Karim le trajo una manta y un vaso de agua. —¿Te quedas aquí esta noche? Javier asintió, sin mirarlo. Karim no preguntó por Zara. No hacía falta. Cuando apagaron las luces, Javier sintió por primera vez en mucho tiempo algo parecido a un alivio. Zara seguía bailando, seguramente riendo, seguramente bebiendo o incluso algo más. Sin percatarse de su ausencia. Y él, tirado en un sofá que no era suyo, se dio cuenta de que, tal vez, no volvería a casa. Colocó el móvil en modo avión. El día siguiente El sol se coló sin permiso por la rendija de la persiana del salón. Javier abrió los ojos sintiendo la espalda rígida por la noche mal dormida en el sofá de Karim. El cuerpo le dolía, pero la cabeza más: una punzada detrás de los ojos, como si la vergüenza hubiera dejado un nudo instalado en la nuca. Karim ya estaba en la cocina, friendo huevos. —¿Dormiste algo? —preguntó sin mirarlo, dejando la sartén chisporrotear. Javier asintió, mudo. Se sentó a la mesa, aceptó el café cargado. No miró el móvil. Lo había dejado en modo avión, tirado al fondo de su chaqueta. Parte de él esperaba —o temía— encontrar llamadas de Zara, algún mensaje, una frase, una pregunta: ¿Dónde estás? Pero también temía que no hubiera nada. Desayunaron en silencio. Karim lo miraba de reojo, con esa cautela que tienen los amigos para no decir te lo dije. —¿Qué vas a hacer? —preguntó, al fin. Javier bebió el café de un ...