1. La fiesta de Zara


    Fecha: 24/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos

    ... tratos sin pestañear. Pronto ganaba tres veces más que Javier, que aceptó trabajar en IKEA como jefe de almacén. Ella trató de apoyarlo al principio, de no hacerle sentir que la balanza se había roto. Pero cada vez que lo veía llegar a casa con olor a cartón y turno partido, no podía evitarlo: sentía rabia. Rabia de verlo vencido, de verlo tan lejos del hombre con el que se prometió conquistar el mundo.
    
    Y la distancia se hizo costumbre.
    
    Cada beso fue un trámite. Cada noche, una conversación aplazada. Cada risa, una mueca.
    
    LA NOCHE QUE LO PERDIÓ
    
    Zara nunca planeó acostarse con Adolfo. De hecho, al principio odiaba su arrogancia, hablaba de cifras como quien presume trofeos, se sentía dueño de todos. Pero una noche estaba harta. Harta de ver a Javier mirándola como un perro herido. Harta de sentir lástima. Harta de sí misma. Así que decidió ignorar a su marido al punto de veces odiarlo. Con el pasar de los días se fue acercando a su jefe, no fue consensuado solo surgió, un roce, una caricia y una semana antes de la fiesta, en su oficina, comenzaron los besos.
    
    Ella quería evitarlo, pero se dejaba. En el fondo necesitaba sentirse deseada, así que dos días antes de la celebración el le susurró al oido — te tengo una suite reservada en el mismo hotel del evento y apenas nos de la media noche te llevaré al cielo. Zara no dijo que sí, pero tampoco se negó.
    
    En la fiesta cuando Adolfo la invitó a bailar, dijo que sí porque necesitaba sentirlo, pero también quería ...
    ... darle una lección a Javier para que despertara de su letargo.
    
    Aquella noche bebió de más y se dejó llevar, diciéndole todo aquello a su marido y sintiéndose culpable nada más irse, culpa que mezclada con una rabia tan antigua como su propia ambición la llevó a la cama de otro.
    
    Cuando acabó la noche en la suite de Adolfo, sintió asco de sí misma, cuestionándose lo que había hecho. Al salir al pasillo se derrumbó a llorar en la alfombra, jurando que nadie lo sabría.
    
    A las 3 am volvió a casa y se duchó hasta dejar la piel roja, luego se sentó en el suelo del baño a llorar. Quiso despertarlo, confesarle todo, decirle “que la perdonara, que lo amaba y no era esa horrible persona”. Pero él no estaba.
    
    Lo amaba a morir y lo sabía.
    
    Dios, cómo lo amaba. Pero era demasiado tarde para decirlo. Porque sabía que Javier, aun roto, no era como ella: él no sabía fingir. Él no mentía bien y su cara al irse lo definía todo. No fue de rabia, ni de dolor, tampoco de decepción, aquella cara decía “adiós para siempre”.
    
    A la mañana siguiente lo llamó hasta el cansancio, pero no respondió.
    
    DESPUÉS
    
    Durante días Zara repitió su mantra: no es para tanto, regresará y lo amaré con todas mis fuerzas.
    
    Se convenció de que volvería. Siempre volvía. Le dejaría un plato de cena, un beso, un mensaje, una promesa. Pero esta vez no hubo platos, ni promesas. Sólo un eco que retumbaba en la cama cada vez más fría.
    
    Se arrepintió. Claro que se arrepintió. Renunció a Adolfo cuando entendió que ...