1. Memorias de una peluquería 2


    Fecha: 25/06/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: El Negro, Fuente: TodoRelatos

    ... utilizaban las tenistas por los años ’80. Eso era un terrible caldo de cultivo para mi incipiente calentura adolescente: solía ubicarme en la peluquería y como al descuido, le cebaba mate a mi madre y las clientas del momento. Con el tiempo, Susy ya entraba a la cocina de casa, limpiaba y preparaba el mate, el termo con agua caliente para cebar la bebida y se ponía en pose para que viera como iba vestida ese día.
    
    Mi primer contacto con ella, fue un sábado en que la peluquería estaba a reventar: entró por primera vez contando que estaba el baño del salón ocupado y necesitaba con urgencia concurrir a él, por lo que pidió pasar al baño de la casa: usaba lo que hoy llamaríamos leggins negras (por aquel entonces calzas), ajustadísimas que se enterraban tanto entre sus nalgas como entre sus labios vaginales, marcándose totalmente como si no hubiera nada debajo de ellas. Pasó raudamente al baño y al volver ya más tranquilamente noté que había marcas de humedad en la parte frontal de las calzas, se la veía más oscuras que el resto. Obviamente el detalle no me resultó desapercibido y comenzó a excitarme. Minutos más tarde, volvió a la cocina a calentar el agua y cambiar la yerba del mate.
    
    Susy: Ale, ¿tendrás alguna bolsa para tirar la yerba? El tarro está lleno
    
    Alejo: si, ya te doy una.
    
    Me aproximé a la mesada, y tocando levemente una de sus piernas la hice desplazarse para acceder al cajón donde estaban las bolsas. Con mi cara a escasos centímetros de su entrepierna, ...
    ... sentí por primera vez el perfume de su sexo, fuerte, mezclado con un ligero aroma a orín que se desprendía de la calza todavía húmeda.
    
    Le di la bolsa en mano y apenas rozándole la cola, me corrí hasta el balde de los residuos, de donde saqué la bolsa llena. El pequeño pasillo que se formaba entre la mesada y la pared, hacía inevitable que al tratar de salir de la cocina, volviese a rozarla, esta vez de manera un poco menos disimulada. Me miró, sonrió pero no dijo nada, obvio que había sentido el roce.
    
    Habrá pasado una hora o algo más y volvió a la cocina a repetir la tarea, ya con una gorra que mostraba parte del trabajo que estaba haciendo a su cabellera, pero a diferencia de la vez anterior, se acodó en la mesada justo frente a la puerta que comunicaba cocina y comedor, dándome una espectacular vista de su culo paradito, dividido en dos por la calza metida en la zanja. No sabía que excusa poner para poder aproximarme otra vez, era evidente que me estaba provocando, pero el solo hecho de imaginar que le contase algo a mi madre, me detuvo. No pasé más de aquel primer roce.
    
    Unos quince días después, volvió al salón para hacerse otro tratamiento que le devolviera brillo a sus cabellos. Esta vez venía de su clase de tenis, se sentó en uno de los sillones de la peluquería a esperar su turno. Vestía una remera blanca muy liviana, ajustada que remarcaba las tetas bien formadas y esa pollerita azul y blanca que apenas cubría medio muslo, según te ubicases, podías ver sus ...