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Del odio a la envidia (3)
Fecha: 29/06/2026, Categorías: Grandes series, Autor: Armonic, Fuente: CuentoRelatos
A medida que leía, me fui metiendo cada vez más dentro de la historia, empecé a imaginarme siendo manoseado por aquel desconocido o masturbándome en la ducha con el agua cayéndome por el cuerpo. Me puse tremendamente caliente y en aquel momento me entraron unas enormes ganas de tocarme. Dejé el diario a un lado, desabroché el pantalón con rapidez y metí la mano por debajo de mis bragas directa a mi clítoris; estaba tan húmeda que mis dedos se mojaron al instante resbalando con facilidad entre mis labios vaginales, el simple roce me produjo un placer que me hizo gemir y alteró mi respiración. Lo mejor era tomármelo con calma si no quería correrme rápidamente, así que abrí de nuevo el diario en la página siguiente para seguir leyendo mientras movía mis dedos, aunque esta vez con movimientos mucho más lentos… Querido diario: Hoy era un día importante, ayer comiendo con Sandra hablamos del juicio de divorcio que tenía esta tarde, le conté mi fuerte deseo de vengarme de mi marido, de como disfrutaría arrebatándole la casa de la playa que tanto amaba y lo único a lo que él nunca renunciaría. Para mi sorpresa ella conocía bien al juez, uno de los más importantes de la ciudad y me había conseguido una cita para hoy en su despacho, sabía que mi amiga conocía a mucha gente importante pero nunca imaginé las influencias y poder que tenía dentro de la ciudad, algo que me asustaba realmente. Me imaginé que no sería gratuito salir de allí con todo solucionado, aunque no me ...
... importaba tener una nueva experiencia, sobre todo si era idea de Sandra. Me vestí elegantemente tal y como me había dicho, me puse una de las bragas transparentes nuevas con unas medias de seda color negro, saqué del armario un traje de chaqueta y falda de color crema que se ajustaba a mi figura y guardaba de cuando trabajaba como secretaria en una empresa, antes de salir me perfumé el cuerpo con un suave aroma afrutado y recordé sus palabras: “haz lo que te pida sin protestar y todo saldrá de maravilla, querida.” Llegué a la hora exacta, la puntualidad era algo obligatorio para ese tipo de personas. En la entrada me esperaba su secretaria, me extrañó que no fuera una joven atractiva y deslumbrante, sino una amable anciana que me recibió con una sonrisa. Me acompañó por un largo pasillo lleno de puertas que parecía interminable, nos detuvimos en la última, llamó y una voz seria nos permitió entrar. El despacho me pareció muy pequeño para un juez de su nivel, en la pared me llamó la atención un gran cuadro de una amazona sobre su caballo con su voluminoso torso desnudo, giré la vista, a un lado había otra figura ecuestre de un hombre azotando a su caballo y al otro una mesa con un pequeño minibar junto a una vela que le daba al despacho un rico olor. En el medio se encontraba la mesa extrañamente vacía de papeles y con una copa recién puesta de coñac, delante dos sillones modernos y detrás una imponente figura de un hombre mayor nos miraba fijamente sentado. La secretaria ...