1. AMPARO en EL NIDO capítulo 2


    Fecha: 02/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: ramonfons, Fuente: TodoRelatos

    Aquella fue mi última noche en la vieja auto-caravana. La entrevista de trabajo con Mónica y mi experiencia convencieron a la directora de la tienda. Y Mónica, encantada de tenerme a su lado —y debajo, y encima—, me dejó un pequeño apartamento que llamaba el Nido.
    
    —No es exterior, pero el patio interior da luz de sobra cuando abres las cortinas. Aunque a mí me daba igual porque sólo lo usaba de picadero – decía mientras subíamos en el ascensor.
    
    Al abrir las cortinas, nos topamos con una sorpresa: un hombre joven, torso desnudo, levantando pesas enormes. Sudor resbalándole entre los músculos. Un semental. Cerré la cortina de golpe, con la risa ahogada en la garganta.
    
    —¿El musculitos va incluido? —bromeé, pellizcando a Mónica en la cintura.
    
    —Si se deja montar, sí. Pero será de las dos, ¿eh?
    
    Reímos como crías perversas.
    
    El lunes vino una empresa de limpieza y dejó el Nido como los chorros del oro. Me instalé, pinté muebles, abrí ventanas, y dejé que el calor de junio me lamiera la piel. Valencia estaba hirviendo. Yo, más.
    
    Salí de la ducha, me puse una camiseta de baloncesto cortada justo por debajo de los pezones —herencia de una ex que sabía bien cómo dejarme expuesta— y un micro tanga amarillo limón que apenas cubría mi chocho inquieto.
    
    Andaba de un lado a otro colocando vinilos cuando vi al musculitos en la ventana. Esta vez, él también me vio. No me corté: pasé varias veces, cargada de cajas, con las tetas rebotando bajo la tela. Su mirada la ...
    ... atravesaba. Sentía sus ojos quemándome el clítoris.
    
    Dejé las tareas y me duché. Después de comer, con el vino blanco cosquilleándome las venas, me dejé caer en el sofá, desnuda, húmeda, soñando despierta hasta que quedé dormida. Al despertar, vi cuatro sombras tras la ventana: él… y tres amigos más, mirándome, devorándome con sus ojos de machos hambrientos.
    
    Me recorrí el cuerpo con la mirada: tetas al aire, coño expuesto, culo levantado cuando me giré de lado para que se me viera de todos los ángulos. Un temblor me sacudió. Saber que me espiaban me hizo mojar la tapicería.
    
    Me levanté como si no supiera que estaban mirando, rodeé el sofá pasando frente a la ventana y me perdí por el pasillo. Volví a ponerme la camiseta recortada y esta vez el micro tanga fue de color chicle. Tiré de los extremos hasta que la tela se clavaba entre los labios inflamados.
    
    Decidí darles lo que buscaban. Crucé el pasillo y toqué al timbre del musculitos.
    
    —Hola, soy Amparo… tu nueva vecina —susurré, pegando mis labios a su mejilla mientras le daba dos besos húmedos. Olí su colonia, mezcla de sudor y deseo.
    
    Se atragantó:
    
    —A-Antonio… dime.
    
    —Con este calor quería preparar una caipirinha, pero me falta hielo. ¿Tienes para prestarme… un poco? —le dije mirando su paquete, hinchado bajo el pantalón de deporte.
    
    Balbuceó algo, pero yo ya estaba dentro, paseando mis tetas al aire entre sus tres amigos. Les di dos besos a cada uno, rozando la comisura de sus labios para que olieran mi ...
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