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AMPARO en EL NIDO capítulo 2
Fecha: 02/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: ramonfons, Fuente: TodoRelatos
... perfume y mi lujuria. —Antonio tiene hielo y yo cachaza brasileña. Voy a preparar unas caipirinhas en mi piso. Si os apetece compartir la tarde conmigo… os invito. Dejo la puerta abierta —dije arrastrando cada palabra, lamiéndome un dedo como una guarra. De vuelta al Nido, llené las copas y las cargué con unas gotas de un afrodisíaco potente, regalo de un amante carioca que siempre que me lo daba, me decía: «Amparo, hoy vas a pedir piedad… y no te la daré». Los vi pegados al cristal como perros en celo. Cuando les di la señal vinieron en manada. Tres se sentaron en el sofá, Antonio en la butaca. Coloqué las copas y, para ofrecerles algo más que alcohol, me agaché frente al aparador, abriendo el cajón más bajo, dejando el culo bien alto, las piernas abiertas, y el tanga enterrándose entre mis labios calientes. Les enseñé varias bolsas y les pregunté sin girarme: -¿Queréis patatas, frutos secos… o un poco de todo lo que veis? Los escuché tragar saliva. Sentí sus ojos metiéndoseme dentro. Dejé bolsas variadas sobre la mesa. Me senté en la butaca vacía. —Hace un calor de la hostia, ¿verdad? —les dije, abanicándome con la escasa tela de la camiseta mostrándoles mis tetas al completo con descaro. Les enseñé los pezones reventones que pedían a gritos ser mordidos con violencia. Les calenté tanto con el numerito de las bolsas y abanicándome que ya tenían los vasos vacios. Me levanté y de camino a la cocina sentí sus miradas clavadas en mis nalgas. Preparé la ...
... segunda ronda con doble ración de afrodisíaco. Oí murmullos. Antonio, que ya notaba el poder de la poción brasileña se atrevió a decir: —Ya que estamos con las caipirinhas, podrías… podrías bailarnos una samba, Amparo. Llegué al salón sonriendo como una zorra. —Brindemos por la samba. Pero quiero veros sin camiseta… Se la quitaron y en el brindis vaciaron medio vaso de un solo trago. Puse Samba do Brasil, y a los cinco compases me levanté la camiseta lentamente hasta quitármela y la tiré a sus pies. Mis pechos rebotaron libres, saltando al ritmo de mis caderas. Gateé por el suelo mirando cómo sus pollas cogían cuerpos. Subí sobre la mesa de centro obre la mesa de centro para ofrecerles mis tetas, les pegué mis pezones en la cara. Alguno se atrevió a chuparlos, morderlos. Les rugí encima: Me bajé de la mesa, sudorosa, con ganas de ser devorada hasta las entrañas. —Voy a por más bebida. Quiero veros en pelotas cuando vuelva. Si no… os echo —mentí, lamiéndome los labios. Volví con las copas y un tarro de mermelada de fresa. Ellos, desnudos, pollas erguidas, venas palpitando. Me relamí. —Jugamos a Yo Ordeno. Yo mando. Vosotros obedecéis. Si os portáis bien … Me senté y ronroneé la primera orden: —David, úntame las tetas con mermelada. Antonio, límpiamelas… con la lengua. David obedeció, sus dedos gruesos enterrándose en la mermelada, aplastándola sobre mis pezones, estrujándolos como si fueran globos de nata. Grité de gusto. La polla de David ...