1. Señora de culo fácil


    Fecha: 02/07/2026, Categorías: Anal Autor: Daniela, Fuente: CuentoRelatos

    ... dejado de mirarme así que me pidió bailar. Como estaba sentada con mi marido, me hice del rogar, pero mi esposo insistió en que si quería bailar, lo hiciera. Sin pensarlo más me levanté de mi asiento y me fui a bailar con él, al momento en que me abrazó me sentí estremecer… Olía delicioso, sus brazos fuertes me rodeaban de tal forma que lo sentía pegado a mí, y sin pensarlo le froté mis senos en su pecho fuerte, él me atrajo más hacia sí y me empezó a frotar el bulto de su bragueta.
    
    Sentí como se le empezó a endurecer y me dio gusto, así que le sonreí y me pegué a su cuerpo para que sintiera el mío, sus manos descendieron por mi cintura y me atrajo hacía él, y le respondí moviéndome muy cachonda y al terminar la música le dije sugerente:
    
    —Creo que tengo que ir al baño y quizá pudiera tardarme allá un poquito más…
    
    Él entendió mi sugerencia y me dejó marchar a mi lugar con mi esposo, pero me di cuenta que él iba hacía el jardín opuesto donde estaba el sanitario, sonriéndole a mi marido le dije que ya estaba cansada y quería tomar aire, mi esposo ya estaba ebrio y no me dio importancia y siguió platicando con otros dos tipos los cuales también me veían de una forma muy descarada al tiempo que se cuchicheaban algo y sonreían. Dejando allí a mi esposo muy discretamente me retiré hacía el jardín, había algo de luz por la luna que brillaba tenuemente y por el viento del verano despejando las nubes…
    
    Lo busqué con la mirada y lo vi en una esquina del jardín que desde ...
    ... luego estaba oculto de los sanitarios, me dirigí hacía él y sin tardanza me abrazó y me besó de una manera riquísima, sus manos se fueron de inmediato hacía mi abultado par de nalgas y sin decirme más me las empezó a apretar delicioso.
    
    —¡Qué nalgas más deliciosas tienes Daniela!…
    
    Para su fortuna el vestido que yo llevaba puesto era de una tela muy suavecita, cosa que le permitió sentir la dureza y amplitud de mis ancas, subiéndome el vestido cortito que yo traía puesto me atrapó por la piel de mis nalgas divididas solamente por mi breve tanga; con una de sus manos y con la otra se dirigió hacía mi lubricada grieta, hizo a un lado mi tanga me metió el dedo haciéndome gemir… Tomándolo de la mano lo guie a una esquina más apartada, allí repegada contra el muro del jardín me despojó de mi pequeñísima tanga y agachándose ante mí me metió la lengua en la pucha mientras con sus dos manos no dejaba de apretarme las pompas…
    
    La música de la fiesta se perdió para nosotros, solo escuchaba su lengua y el peculiar ruido entrando y succionando en mi panocha mojada abundantemente, solo existían mis gemidos suaves al ser invadida por su lengua… En un momento se levantó y me dijo:
    
    —Es tu turno mamita… Chúpame la verga, que desde hace rato he deseado sentir esa lengüita haciendo filigranas con la puta de mi basto…
    
    Sin hacerme del rogar le baje el pantalón y le saque su fierro, que era gordo y grueso como me gustan; algo curvado hacía arriba, lo sentí bien grande y mojado de líquido ...
«1234...8»