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Debo embarazar a mamá (14)
Fecha: 02/07/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
Debo embarazar a mamá Capítulo 14 Estaba a punto de cometer el acto mas aberrante de mi vida, y sin embargo no me inmutaba. Al otro día me preguntaría si acaso no era realmente el villano de esta historia. Nunca me había visto como un héroe, pero sí como una víctima. Como alguien que estaba obligado a realizar actos amorales para salvar su vida. Pero claro, no tardé en disfrutar de todo eso. Me había metido en la pensión de Ester y me la había cogido, al igual que a sus dos hijas. Luego había desaparecido, dejando su relación con su novio destruida, y a sus dos hijas embarazadas… Pensar en eso me hizo notar algo en lo que no había reparado. Había pensado en Cecilia como mi prima, y también como mi hija. Pero también era mi hermana, pues teníamos el mismo padre: yo. Sonreí en la habitación penumbrosa. Sí, definitivamente era una especia de villano. O como mínimo ya no era ninguna víctima. Porque me iba a coger a mi prima/hermana/hija, sin sentir ni un poco de culpa. Esa era la clase de persona que era, supongo. Lo único que me salvaba era el hecho de que ella no tenía idea de nada. Miré a Cecilia, que estaba arrodillada frente a mi verga erecta. Llevé una mano a su mejilla. Se la acaricié despacio con los dedos, sintiendo la suavidad de su piel, como si intentara memorizarla. Antes de empezar con lo más obsceno, me incliné un poco hacia ella y la besé en la boca. Después bajé la mano hasta su mentón y lo sostuve con suavidad. Me miró con sus hermosos ojos ...
... claros, que brillaban en la oscuridad. La respiración se le agitó. Yo sentía cómo el corazón me latía en las sienes. Una mezcla de nervios, incredulidad y deseo me recorría por dentro. Cecilia llevó las manos a mi cintura. Luego, cuando pareció que ya estaba cómoda, llevó una de ellas a mi tronco. Su cara se acercó un poco más a mi verga, hasta que sentí su aliento. Se quedó ahí, apenas un segundo. Me miró otra vez, una última vez, y esa mirada fue como una promesa silenciosa. No se la metió en la boca. Comenzó por una lamida desde la base del tronco, terminando justo antes de encontrarse con el glande. Luego repitió la acción tres veces más. Era como si estuviera tomando un helado que se estaba derritiendo y quería impedir que las gotas cayeran al piso. Lo hacía con hambre, mientras me miraba a los ojos, cosa que me volvía loco. Luego la lengua hizo un camino más largo, llegando por fin al glande. Ahí el placer era mucho más intenso. Largué un gemido de placer, y acaricié su cabeza en gesto de aprobación. —Ahí —le dije—. Quedate un rato ahí. Ella rio, divertida. Entonces se detuvo un instante, haciéndome esperar a propósito. Luego sacó por fin le lengua, y empezó a frotarla una y otra vez sobre el glande. El placer se multiplicó y se extendió en el tiempo. No estuvo ni un minuto haciendo eso, que ya sentí que si continuaba un rato más, me iba a hacer acabar. Entonces me apoderé de mi verga, hice un movimiento, y se la enterré en la boca. Ahora Cecilia empezó a ...