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Debo embarazar a mamá (14)
Fecha: 02/07/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... succionarla. Le daba un intenso chupón, y luego la soltaba. De un momento a otro, mi pija estaba repleta de su saliva. Me quedé mirando cómo su cabeza subía y bajaba mientras me daba placer. “Es mi hija”, recordaba cada tanto. Y eso solo servía para que me calentara más. En ese momento no sentía culpa por lo que estaba haciendo. Solo sentía el placer de estar haciendo algo prohibido. Me pregunté qué otra cosa más morbosa me quedaría por hacer después de haberme cogido a todas las integrantes de mi familia. Sin embargo, sabía que el morbo siempre se renovaba. El hecho de intimar con Cecilia no iba a hacer que mi perversión se agotara. —Bueno, creo que si me quedo acá mucho tiempo más me van a doler las rodillas —comentó de repente, poniéndose de pie. —Tenes razón, perdoname —le dije, avergonzado—. Es que… mi cabeza está volando. Vení, vamos a ponernos más cómodos. La agarré de la mano y la guie a la cama. Me senté, apoyando la espalda contra el respaldar de madera. Ella gateó, y se acomodó con su cuerpo en horizontal. No podía dejar de mirarla. La luz tenue dibujaba sombras suaves en su cuerpo. Era una posición perfecta, porque podría manosearla mientras ella me seguía chupando la pija. Y fue exactamente eso lo que hice. Cecilia, mi prima, mi hermana, mi hija, no tardó en meterse la pija a la boca de nuevo. Yo estiré la mano y palpé el hermoso culo que tenía a través del short. Con la otra mano acaricié su cabello. —Así estás perfecta —le dije—. No ...
... pares de chupar. Ella empezó a mamarla con más ímpetu. Mientras tanto, empecé a bajarle el short, hasta quitárselo por completo. Quedó solo con una tanguita y la remera. Acaricié su orto, ahora haciendo contacto directo con su piel desnuda. —¿Te gusta? —me preguntó. —¿La mamada o tu orto? Ella soltó una risita. —Todo… Lo que te estoy haciendo… Igual no sé para qué pregunto, si por tu cara se nota que te encanta. —Entonces no seas mala y seguí chupando. —¿Sabés qué cosa me gusta a mí? —preguntó. Verla con esa sonrisa traviesa, con mi verga brillante por su saliva, a milímetros de su hermosa carita, casi hace que eyacule ahí mismo—. Que seamos primos. Eso me calienta, —A mí también —reconocí. Obviamente no iba a decirle que también me calentaba los otros vínculos filiales que teníamos, pero lo pensé. Se comió de nuevo mi pija. Yo apreté su culo con la misma intensidad con la que ella me la succionaba. Durante unos minutos fue todo una mezcla del terrible placer que me hacía sentir en la verga y la hermosa textura de sus nalgas. No tardé en llegar al orgasmo. Se lo largué todo en la boca. —¿Quién te dijo que podías hacer eso? —me preguntó, después de tragarse todo, con un hilo fino de semen en la comisura de sus labios. —Es que estaba segura de que te la ibas a tragar —le respondí, quitándole el hilo de semen con mi pulgar. —¿Me estas diciendo que tengo apariencia de tragarme la leche? —preguntó ella. —Sí. Pero no tiene nada de malo. Al ...