1. A orillas del deseo


    Fecha: 04/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Mentula, Fuente: TodoRelatos

    ... nuestras miradas se cruzaron en serio, sentí algo raro en el estómago. No mariposas, no. Más bien, un golpe. Directo. Irene me sostuvo la mirada un poco más de lo normal. Luego sonrió. Y ahí supe que aquello no iba a ser una amistad de vacaciones más.
    
    Los días siguientes fueron un juego silencioso. Miradas. Risas tímidas. Un roce "accidental" en la toalla. Ella estirándose de espaldas, dejando que el bikini apenas le cubriera el culo. Yo, fingiendo mirar al mar, pero con la polla dura bajo el bañador. Clara no se enteraba de nada, o fingía no ver.
    
    La cosa subió de nivel cuando me siguió en Instagram. Me temblaron los dedos al aceptarla. Al poco ya estaba reaccionando a mis historias. Una noche, subí una foto de una copa de vino en la terraza del apartamento y me respondió:
    
    "¿Solo?"
    
    Le puse una carita con una ceja levantada. Me contestó con una foto suya. En pijama, sentada en la cama. Tirantes finos, escote profundo. Sin sujetador. La piel clara, los pezones duros marcando la tela. Casi me corro con solo verla.
    
    Esa noche me masturbé en el baño mientras Clara dormía. Pensando en ella. En cómo sería olerla, saborearla, follarla sin piedad.
    
    Al día siguiente, en la playa, Irene me sonrió como si supiera exactamente lo que había hecho. Y juro que sus ojos me dijeron: "Yo también lo hice".
    
    Los mensajes se volvieron más calientes. Me preguntaba qué me gustaba hacer en la cama. Le dije que me gustaba mandar. Que me calentaba que me chuparan la polla mientras la ...
    ... otra persona mantenía el contacto visual. Que me encantaba follar por detrás mientras sujetaba el pelo con una mano. Ella me mandó un audio. Su voz era suave, susurrante:
    
    "Pues a mí me encanta que me usen así. Que me digan qué hacer. Que me follen como si no hubiera un mañana."
    
    Mi polla palpitaba con cada palabra. Era una tortura deliciosa. Y cada vez estábamos más cerca.
    
    El viernes, todo explotó. Me escribió por la mañana:
    
    "Marcos se va a surfear. Estaré sola de 10 a 12. Si vienes, la puerta estará abierta."
    
    Tardé cinco minutos en decidirme. Mentí a Clara. Le dije que iba a correr por el acantilado. Me duché, me perfumé. Me latía el corazón como un tambor de guerra.
    
    El apartamento de Irene estaba a dos calles del nuestro. Subí las escaleras de dos en dos. La puerta estaba entornada. Empujé. El silencio me envolvió. Solo se oía el mar de fondo. Entré.
    
    Ella estaba de pie, en el salón, con una bata blanca. Nada más. Me miró. No dijo nada. Solo se acercó, despacio. Su olor era una mezcla de crema corporal, piel caliente y deseo.
    
    Nos besamos con hambre contenida. Nuestros labios se buscaron, se mordieron. Le abrí la bata con las manos temblorosas. Sus pechos se alzaban, firmes, perfectos. Bajé la cabeza y le chupé un pezón con fuerza, mientras mi otra mano bajaba por su vientre hasta rozar su coño. Estaba empapada. Se arqueó y gimió suave.
    
    —Dios, te he deseado tanto —le susurré al oído.
    
    —Hazme tuya —respondió, clavando las uñas en mi espalda.
    
    —No ...