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Tres copas
Fecha: 04/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... otro camarero, finalmente, le dijo que se llamaba Erik, con una naturalidad casi tardía, como si ese dato ya no importara tanto. Y entre copa y copa, palabra y mirada, algo invisible empezó a encenderse bajo la superficie. Nada explícito. Nada dicho. Solo esa sensación leve, pero poderosa, de que algo estaba cambiando, de que la noche, finalmente, les pertenecía. El jardín en penumbra parecía haberlos aislado del mundo. Ya no quedaban voces, ni música de fondo, ni pasos. Solo ellos tres, la brisa del mar y el murmullo constante de la fuente, como si el tiempo se hubiera rendido también a la lentitud de la noche. Sofía había apoyado un codo en la barra, su cuerpo girado hacia ellos, pero en una postura que no parecía pensada. Era, más bien, la forma que tenía su cuerpo de descansar cuando se sentía a gusto. El lino del vestido se movía con cada soplo de aire y la cenefa bordada bajo el pecho apenas contenía el vaivén sutil de su respiración. Erik, apoyado con una mano cerca de ella, hablaba con la voz más baja, como si cada palabra fuera compartida solo con ella. Tiago no interrumpía. Escuchaba, sonreía, bebía pequeños sorbos del vino que aún quedaba. Se mantenía a poca distancia, pero presente, como si supiera que la danza no era de uno solo. Sus miradas también hablaban: entre él y Erik, entre Erik y Sofía, entre ella y Tiago, se tejía un triángulo silencioso de señales, una red invisible de deseo contenido. En un momento, Erik se inclinó un poco más, rozando ...
... sin querer —o queriendo demasiado bien— el brazo desnudo de Sofía con el dorso de su mano. El contacto fue leve, pero suficiente para que ella dejara escapar una pequeña exhalación, casi inaudible. Tiago lo notó y bajó la vista, sonriendo para sí, mientras giraba el tallo de su copa entre los dedos. —Estás helada —murmuró Erik, sin retirar del todo la mano. Ella lo miró de reojo. No se apartó. Tampoco respondió. —Puede que sea la brisa —intervino Tiago suavemente—. Aquí por las noches el aire cambia de piel. Sofía se volvió hacia él y sonrió, esta vez con más calidez. Había algo en ese acento, en la forma de decir las cosas, que la envolvía. —O puede que no esté helada en absoluto —dijo ella, sin moverse. Erik la miró entonces con una mezcla de admiración y deseo. La distancia entre ellos era mínima, ella lo sentía. Sentía sus respiraciones cruzándose, los músculos tensos bajo la camisa fina, la electricidad flotando en el espacio que los separaba. Tiago, a su izquierda, se incorporó lentamente, acercándose sin ruido, hasta quedar casi detrás de ella. Nadie decía nada. Pero en esa ausencia de palabras había más verdad que en cualquier conversación de la fiesta. El aire era más cálido cerca de sus cuerpos. La humedad del mar apenas rozaba la piel, pero bastaba para que cada roce, cada cercanía, se sintiera más vívida. Sofía aún permanecía sentada en la silla alta junto a la barra, pero ahora no era solo una posición casual. Erik seguía delante de ella, ...