1. Tres copas


    Fecha: 04/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos

    ... ocurriera.
    
    Fue entonces cuando Sofía se inclinó levemente hacia atrás. No giró del todo, solo lo justo para rozar con su mejilla la de Tiago, que se quedó inmóvil, sorprendido. Cerró los ojos y, con una decisión que le nació desde un lugar profundo, llevó sus labios hasta los de él. El beso fue suave, contenido, como una primera nota tocada en un piano bien afinado. Tiago respondió despacio, con reverencia, como si no quisiera romper el equilibrio. Sus labios, cálidos y delicados, apenas presionaron los de ella, pero el gesto fue suficiente para encenderle un fuego en la base del vientre.
    
    Cuando volvió a abrir los ojos, aún tenía el sabor de Tiago en los labios. No era dulzura, era algo más sincero: ternura contenida, un deseo que buscaba permiso.
    
    Se volvió entonces hacia Erik.
    
    No hizo falta más que una mirada.
    
    Él la tomó del rostro con una sola mano, firme pero sin dureza, y la besó sin preguntar. Ese beso no fue tímido. Fue directo, seguro, más profundo. La barba de Erik le raspó apenas la piel de la cara, y a Sofía le encantó esa textura, ese contraste con la suavidad de la boca. Se dejó llevar, permitiendo que sus labios se entreabrieran, sintiendo la lengua de él explorar, invitar, encenderla sin rodeos.
    
    El beso fue más largo, más físico. Cuando se separaron, ambos respiraban distinto. Erik le sostuvo la mirada con media sonrisa, como si dijera “sabía que pasaría”.
    
    Ella se pasó los dedos por los labios, aún húmedos, aún tibios. Tenía el corazón ...
    ... latiéndole en lugares que había olvidado. Tiago seguía detrás de ella, sin celos ni incomodidad, y eso también la excitó. No había disputa, no había tensión competitiva entre ellos. Solo ese juego tácito, esa danza delicada en la que los tres estaban entrando.
    
    Por un momento, algo en el pecho de Sofía se tensó. Una punzada breve, como una campana de advertencia. El eco de todas esas voces que durante años le habían dicho lo que debía o no debía hacer. Aquello era una locura. Estaba en una casa que no era suya, con dos hombres que apenas conocía. Y sin embargo…
    
    Retiró un poco la mirada, como para tomar distancia del vértigo que empezaba a sentir por dentro. Se puso de pie, dando un par de pasos hacia la barandilla que daba al jardín en sombras. El mar estaba ahí, como siempre, sereno e infinito. Cerró los ojos y respiró hondo. Debía dar por zanjado aquello, debía irse.
    
    Entonces sintió el calor de una presencia detrás de ella. No fue invasiva. Fue cuidadosa. Tiago no la tocó al principio, solo dejó que ella notara que estaba allí.
    
    —Não precisa ter medo —susurró con suavidad, tan cerca que su aliento le acarició el cuello—. Si en algún momento quieres parar, solo dilo.
    
    Y entonces, solo entonces, apoyó su mano en su hombro desnudo. Sus dedos rozaron la piel con un gesto lento, apenas un roce, como quien confirma que el otro está de verdad ahí. Sofía sintió ese toque como un ancla, algo que la devolvía al presente, al ahora, sin exigencias, sin juicios.
    
    Tiago la giró ...
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