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Tres copas
Fecha: 04/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... cierto magnetismo social, pero no encontraba nada que la invitara realmente a quedarse. Aquella noche apenas había comenzado, y ya sentía que habría preferido cenar sola en su terraza, con una copa de vino y su playlist de siempre. Decidió entonces buscar al anfitrión, por mera cortesía. Lo localizó rápidamente junto a la piscina, rodeado de un pequeño círculo de aduladores y con una copa de champán en la mano. A su lado, una rubia de rasgos perfectos y frialdad casi clínica, enfundada en un vestido tan ajustado como artificial, le apoyaba una mano delgada y carente de vida en el antebrazo. Cuando Sofía se acercó, el anfitrión giró el rostro hacia ella. Su sonrisa fue amplia, casi profesional, pero sus ojos la recorrieron con una lentitud estudiada, que no intentó disimular. Fue una mirada que la evaluó, que la desnudó sin pudor, como si tuviera todo el derecho del mundo a hacerlo. Sofía sostuvo la mirada con calma, sin perder la sonrisa, aunque por dentro sintió un leve escalofrío. —Encantado de conocerte por fin, Sofía—dijo él, con una voz grave y modulada—. Arturo me habló maravillas de ti. Ella estrechó su mano con firmeza, sin ceder al tono insinuante de su voz ni al ambiente cargado de falsa intimidad que parecía rodearlo. Había aprendido a moverse en esos escenarios, y sabía detectar el juego antes de que empezara. —Gracias por la invitación. Todo está precioso —respondió con elegancia. La rubia ni se inmutó. Seguía allí, impertérrita, como si ...
... fuera parte del decorado. Se alejó del grupo poco después, con un leve gesto de excusa y una copa en la mano, deseando que la noche le ofreciera algo más que gestos vacíos y sonrisas bien ensayadas. Casi estaba decidida a irse cuando, al acercarse a la barra para dejar la copa vacía, notó algo que la hizo detenerse. Uno de los camareros, alto y fuerte, se había detenido imperceptiblemente al verla. Fue apenas un instante, un par de segundos tal vez, pero lo suficiente para que Sofía captara la intención oculta tras aquella mirada sostenida. Sabía detectar esos momentos. Era una habilidad que había afinado con los años, con la experiencia. Aunque por un lado le surgió el pensamiento automático de reprocharle mentalmente su poca profesionalidad, por otro se sintió halagada, rodeada como estaba de tanta silicona y maquillaje. No era una mirada torpe ni vulgar, más bien un ademán sincero y breve, que se desvaneció en cuanto el chico bajó la vista y retomó su tarea con concentración. Los camareros iban todos de uniforme. Unos pantalones de verano verde oliva y unas camisas de lino remangadas, color blanco sucio. El protagonista en cuestión parecía tener rasgos nórdicos, una barba poblada y el pelo corto. Varias veces volvieron a encontrar sus miradas con mucha discreción, tanta que Sofía no sabía si eran imaginaciones suyas o si realmente había algo allí. En un momento dado, cuando él pensaba que ella no miraba, Sofía lo vio intercambiar un par de frases con otro ...